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INTRODUCCIÓN Son todos los que están pero no están todos los que son
Tras la Segunda Guerra Mundial y con los Juicios de Nuremberg de 1946 y sus sentencias, la humanidad (que no determinados países y religiones "civilizadas") se convulsiona al descubrir una realidad plagada de campos de exterminio en donde más de seis millones y medio de seres humanos indefensos fueron aniquilados mediante las torturas más monstruosas de la que es capaz de crear lo más bajo de la condición humana. Judíos, gitanos, homosexuales, comunistas, opositores al régimen nazi, prisioneros de guerra aliados, exiliados españoles, campesinos polacos, discapacitados, partisanos y todo aquel que no era del agrado del régimen eran enviados a los diferentes campos en los que, según su valía, podían ser utilizados como auténticos esclavos a los que se les podía comprar o alquilar para trabajar hasta la extenuación o sencillamente ser asesinados en los campos de la muerte. Para estos campos el gobierno nazi estableció unas clasificaciones que significaban la muerte por trabajo o por otros métodos más rápidos, pero siempre la muerte:
Según la ideología nazi los seres humanos estaban divididos en las siguientes categorías:
Los testimonios de los sobrevivientes a los campos de exterminio han sido el recordatorio exacto y real de esa etapa histórica que jamás deberíamos olvidar porque tanto nosotros como las generaciones venideras deberemos tomar buena nota de esta lección para evitar que vuelva a ocurrir. Es nuestra responsabilidad. En mi opinión y tras el veredicto final de los Juicios de Nuremberg cuyas transcripciones al castellano he leído y no comprendido por no desearlo se juzgaron a un pequeño corpúsculo compuesto 611 criminales de guerra y contra la humanidad (entre ellos 24 altos cargos de la Alemania nazi) pero faltaron esos miles y miles de sanguinarios asesinos uniformados que ejecutaron las órdenes de matar con una sonrisa como la bestia que estaba esperando a que se le soltase para satisfacer su sed de sangre; esos que faltaron eran tan culpables como sus jefes porque colaboraron de buen grado en todo lo que aconteció en el Holocausto. También debo indicar que una parte de los soldados alemanes que participaron en las matanzas nazis lo hicieron por miedo a ser también asesinados si se negaban a colaborar en el exterminio. Las miles y miles de fotografías que fueron realizadas por fotógrafos pertenecientes a la SS, a las tropas aliadas, a particulares o anónimos o las que Francisco Boix aportó de su propia cosecha a los Juicios de Nuremberg recogen en muchas ocasiones a soldados que lejos de sentirse obligados a cumplir las horribles órdenes sonríen mientras torturan y asesinan a indefensos seres humanos y un sin fin de escenas que convierten al infierno de Dante en un paseo campestre. Indudablemente este libro digital dedicado al Holocausto no es ningún alegato a favor de ninguna religión, raza o cultura en especial; sencillamente es un pequeño memorial virtual para los judíos, gitanos, Testigos de Jehová, discapacitados, ciudadanos de cualquier país invadido por los nazis y en general para cualquier ser humano que simplemente por no ser del gusto de la locura hitleriana fue perseguido, convertido en prisionero, torturado y asesinado. Por todo esto quiero manifestar a quien me lea que este libro digital posiblemente no descubra nada nuevo (o a lo mejor si) pero el compendio de las imágenes del terror junto al detalle de los campos, de las caras de los inocentes (algunas con su nombre y apellidos como debe ser) y otras escenas y testimonios debe ser una lección que de la que nosotros deberemos tomar buena nota y adquirir el compromiso de transmitirlo a las siguientes generaciones como algo que ocurrió y que jamás debería de volver a suceder. DOCUMENTOS ADICIONALES
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