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TRASCRIPCIONES DE LAS 10 PRIMERAS SESIONES DEL JUICIO CONTRA LA JERARQUÍA NAZI


Segundo Día: Miércoles, 21 de noviembre de 1945 (2 de 10)


EL PRESIDENTE: se ha presentado una moción ante el Tribunal, y el Tribunal la ha considerado. En la medida en que puede ser una alegación sobre la jurisdicción del Tribunal, entra en conflicto con el Artículo 3 del Estatuto y no se tendrá en cuenta. En la medida en que puede contener otros argumentos que pueden estar abiertos para los acusados, puede que se tenga en cuenta más adelante.

Ahora, de acuerdo con el Artículo 24 del Estatuto, que prevé que, una vez que se haya leído la acusación ante el Tribunal, se deberá preguntar a los acusados si se declaran culpables o no culpables, pido a los acusados que declaren si se consideran culpables o no culpables.

DR. RUDOLF DIX (Defensor del acusado Schacht): ¿Puedo dirigirme un momento a Su Señoría?

EL PRESIDENTE: No puede dirigirse a mi para hablar apoyando la moción que acabo de tratar en nombre del Tribunal. Le he dicho que esa moción es una alegación sobre la jurisdicción del Tribunal, entra en conflicto con el Artículo 2 del Estatuto, y no será considerada. En la medida en que puede contener otros argumentos que pueden estar abiertos para los acusados, puede que esos argumentos sean escuchados posteriormente.

DR. DIX: No deseo hablar sobre la cuestión de una moción. Como portavoz de la defensa, querría plantear una cuestión técnica y hacer una petición en nombre de la defensa. ¿Puedo hacerlo? Se prohibió a los defensores de los acusados que hablaran con los acusados esta mañana. Es absolutamente necesario que la defensa pueda hablar con los acusados antes de la sesión. Con frecuencia sucede que tras la sesión no se puede hablar con el cliente por la noche. Es del todo probable que puede ser necesario preparar cuestiones por la noche para la mañana siguiente y que se han de hablar con él. De acuerdo con nuestra experiencia, siempre se permite a la defensa hablar con los acusados antes de la sesión. La cuestión concerniente a que la defensa y los acusados hablen durante las sesiones puede tratarse más adelante. En este momento solicito, en nombre de toda la defensa, que se nos permita hablar con nuestros clientes en la propia sala del juzgado, a la que son traídos con frecuencia a una hora muy temprana. Si no, no podremos dirigir la defensa de una forma eficiente y apropiada.

EL PRESIDENTE: Me temo que no pueden consultar a sus clientes en la sala del juzgado, si no es por escrito. Cuando estén fuera de la sala, se aplican regulaciones de seguridad, y pueden tener, en la medida en que se respeten esas regulaciones de seguridad, oportunidad de consultar a sus clientes. En la sala, debemos limitarles a que se comuniquen por escrito con sus clientes. Al final de cada día, tendrán la oportunidad de consultarles en privado.

DR. DIX: Discutiré esto con mis colegas de la defensa, y querríamos, si es posible, volver a esta cuestión.

DR. RALPH THOMA (Defensor del acusado Rosenberg): ¿Puedo tomar la palabra?

EL PRESIDENTE: Diga su nombre, por favor.

DR. THOMA: Dr. Ralph Thoma. Represento al acusado Rosenberg. Ayer mi cliente me entregó una declaración referida a la cuestión de la culpabilidad o inocencia. Leí esta declaración y le prometí que hablaría con él sobre ella. Ni la pasada noche ni esta mañana he tenido oportunidad de hablar con él; y, en consecuencia, ni yo ni mi cliente podemos hacer hoy una declaración sobre si es culpable o no. Por tanto, pido una interrupción del juicio para que pueda hablar con mi cliente.

EL PRESIDENTE: Dr. Thoma, el Tribunal puede retirarse durante quince minutos para que tenga oportunidad de consultar a sus clientes.

DR. THOMA: Gracias. Me gustaría decir otra cosa. Algunos de mis colegas acaban de decirme que están en la misma situación que yo.

...

EL PRESIDENTE: quería decir que todos los defensores tendrán oportunidad de consultar a sus clientes; pero señalaré a los defensores que han tenido varias semanas para preparar este juicio, y deberían haber previsto que se aplicaría el Artículo 24. Ahora nos retiraremos quince minutos, en los que todos ustedes podrán consultar a sus clientes.

DR. THOMA: ¿Puedo decir algo más a este respecto, Señoría?

EL PRESIDENTE: Sí.

DR. THOMA: La defensa preguntó si la cuestión de culpabilidad o no culpabilidad podría responderse sólo con un "" o un "no", o si se podría hacer una declaración más extensa. No hemos obtenido información sobre este punto hasta anteayer. Por tanto, no tuve oportunidad de hablar durante mucho tiempo con mi cliente sobre este asunto.

EL PRESIDENTE: Un momento. La pregunta tendrá que responderse según el Artículo 24 del Estatuto, y esas palabras están entre comillas:

"El tribunal preguntará a cada acusado si se considera culpable o no culpable".

Eso es lo que tienen que hacer en este momento. Por supuesto, los acusados tendrán oportunidad, si son llamados a declarar como testigos, y a través de sus defensores, para exponer su defensa completamente en una etapa posterior.

(Receso)

EL PRESIDENTE: Pediré ahora a los acusados que declaren si se consideran culpables o no culpables de los cargos que hay contra ellos. Pasarán por turnos al estrado que está junto al micrófono.

EL PRESIDENTE: Hermann Goering.

HERMANN GOERING: Antes de responder a la pregunta del Tribunal de si soy o no culpable-

EL PRESIDENTE: Dije a los acusados que no pueden hacer ninguna declaración. Debe decir si se considera culpable o no culpable.

HERMANN GOERING: Me declaro, según lo expresado en la acusación, no culpable.

EL PRESIDENTE: Rudolf Hess.

RUDOLF HESS: No.

EL PRESIDENTE: Se considerará que es una declaración de no culpabilidad. (Risas)

EL PRESIDENTE: Si hay algún desorden en la sala, los responsables de ello tendrán que abandonarla.

EL PRESIDENTE: Joachim von Ribbentrop.

JOACHIM VON RIBBENTROP: Me declaro, según lo expresado en la acusación, no culpable.

EL PRESIDENTE: Wilhelm Keitel.

WILHELM KEITEL: Me declaro no culpable.

EL PRESIDENTE: En ausencia de Ernst Kaltenbrunner, el juicio contra él continuará, pero tendrá oportunidad de declarar sobre su culpabilidad cuando se encuentre suficientemente bien como para volver al tribunal.

EL PRESIDENTE: Alfred Rosenberg.

ALFRED ROSENBERG: Me declaro, según lo expresado en la acusación, no culpable.

EL PRESIDENTE: Hans Frank.

HANS FRANK: Me declaro no culpable.

EL PRESIDENTE: Wilhelm Frick.

WILHELM FRICK: No culpable.

EL PRESIDENTE: Julius Streicher.

JULIUS STREICHER: No culpable.

EL PRESIDENTE: Walter Funk.

WALTER FUNK: Me declaro no culpable.

EL PRESIDENTE: Hjalmar Schacht.

HJALMAR SCHACHT: No soy culpable de ninguna manera.

EL PRESIDENTE: Karl Doenitz.

KARL DOENITZ: No culpable.

EL PRESIDENTE: Erich Raeder.

ERICH RAEDER: Me declaro no culpable.

EL PRESIDENTE: Baldur von Schirach.

BALDUR VON SCHIRACH: Me declaro, según lo expresado en la acusación, no culpable.

EL PRESIDENTE: Fritz Sauckel.

FRITZ SAUCKEL: Me declaro, según lo expresado en la acusación, ante Dios y el mundo, y en particular ante mi pueblo, no culpable.

EL PRESIDENTE: Alfred Jodl.

ALFRED JODL: No culpable. De lo que haya hecho, o tuve que hacer, tengo la conciencia clara ante Dios, y ante la Historia y mi pueblo.

EL PRESIDENTE: Franz von Papen.

FRANZ VON PAPEN: Me declaro no culpable de ninguna forma.

EL PRESIDENTE: Artur Seyss-Inquart.

ARTUR SEYSS-INQUART: Me declaro no culpable.

EL PRESIDENTE: Albert Speer.

ALBERT SPEER: No culpable.

EL PRESIDENTE: Constantin von Neurath.

CONSTANTIN VON NEURATH: Respondo a la pregunta negativamente.

EL PRESIDENTE: Hans Fritzsche.

HANS FRITZSCHE: En lo que respecta a esta acusación, no culpable.

(En este momento, Hermann Goering se puso en pie en el banquillo de los prisioneros)

EL PRESIDENTE: No tiene permiso para dirigirse al Tribunal, salvo a través de su defensor, en este momento. Llamaré ahora al Fiscal Jefe de los Estados Unidos de América.

(En este momento, el acusado Goering se mantuvo en pie en el banquillo de los prisioneros y trató de dirigirse al Tribunal)

SR. LETRADO JACKSON: Con la venia de Su Señoría, el privilegio de comenzar el primer juicio de la Historia por crímenes contra la paz del mundo impone una grave responsabilidad. Los males que buscamos condenar y castigar han sido tan calculados, tan malignos y tan devastadores que la civilización no puede tolerar que se ignoren, porque no podría sobrevivir a su repetición. Esas cuatro grandes naciones, inflamadas por la victoria y heridas por la afrenta, deteniendo las manos de la venganza y entregando a sus enemigos capturados para ser juzgados por la ley, han hecho uno de los tributos más significativos que el Poder ha hecho jamás a la Razón.

Este Tribunal, aunque es nuevo y experimental, no es el producto de especulaciones abstractas ni ha sido creado para defender teorías legalistas. Esta investigación representa el esfuerzo práctico de cuatro de las naciones más poderosas, con el apoyo de otras diecisiete, para utilizar la Ley Internacional para enfrentarse a la mayor amenaza de nuestro tiempo- la guerra de agresión. El sentido común del espíritu humano demanda que la ley no se detenga en el castigo de pequeños crímenes cometidos por gente de poca importancia. También ha de llegar a los hombres que poseen grandes poderes y hacen un uso deliberado y concertado de éste para producir males que no dejan ningún hogar del mundo indemne. Es una causa de tal magnitud que las Naciones Unidas comparecerán ante Su Señoría.

En el banquillo de los prisioneros se sientan unos veinte hombres rotos. Reprochados por la humillación de aquellos a los que han conducido, casi tan amargamente como por la desolación de aquellos a los que han atacado, han perdido para siempre su capacidad para el mal. Es difícil ahora percibir en esos hombres miserables ahora cautivos el poder con el que como líderes nazis dominaron buena parte del mundo y aterrorizaron a la mayoría. Como individuos, su destino es de poca importancia para el mundo.

Lo que hace que esta investigación sea importante es que estos prisioneros representan influencias siniestras que vagarán por el mundo aún mucho después de que sus cuerpos vuelvan a ser polvo. Demostraremos que son símbolos vivientes del odio racial, el terrorismo y la violencia, y de la arrogancia y la crueldad del poder. Son símbolos del nacionalismo radical y el militarismo, de la intriga y la guerra que destruyó Europa generación tras generación, aplastando a sus habitantes, destruyendo sus hogares y empobreciendo su vida. Se han identificado tanto con las filosofías que concibieron, y con las fuerzas que han dirigido, que la clemencia con ellos es una victoria y un impulso de los males vinculados a sus nombres. La civilización no puede permitirse ningún compromiso con las fuerzas que ganarán renovado vigor si nos enfrentamos con ambigüedad con los hombres en los que esas fuerzas sobreviven ahora precariamente.

Expondremos paciente y moderadamente los motivos por los que estos hombres comparecen aquí. Ofreceremos pruebas innegables de hechos increíbles. El catálogo de crímenes no omitirá nada que pueda ser concebido por un orgullo patológico, la crueldad, y el ansia de poder. Estos hombres crearon en Alemania, bajo el "Führerprinzip", un despotismo nacionalsocialista igualado sólo por las dinastías del Oriente de la Antigüedad. Le arrebataron al pueblo alemán todas esas dignidades y libertades que consideramos que son derechos naturales e inalienables en todo ser humano. El pueblo fue compensado inflamando y gratificando los odios hacia aquellos que fueron señalados como "chivos expiatorios". Contra sus oponentes, entre los que estaban los judíos, los católicos y los sindicatos libres, los nazis dirigieron una campaña de arrogancia, brutalidad y aniquilación de la que el mundo jamás había sido testigo desde antes de la Era Cristiana. Excitaron la ambición alemana de ser una "raza de amos", lo que por supuesto implicaba someter a servidumbre al resto. Dirigieron a su pueblo a un loco juego de dominación. Desviaron energías sociales y recursos a la creación de lo que consideraron que era una máquina de guerra invencible. Invadieron a sus vecinos. Para proporcionar sustento a la "raza de amos" en su guerra, esclavizaron a millones de seres humanos y los llevaron a Alemania, donde estas criaturas desesperadas vagan ahora como "personas desplazadas". Finalmente, la bestialidad y la mala fe alcanzaron tal exceso que despertaron la fuerza dormida de la amenazada Civilización. Sus esfuerzos unidos han reducido a fragmentos la máquina de guerra alemana. Pero la lucha ha hecho que Europa sea una tierra liberada pero postrada, donde una sociedad desmoralizada lucha para sobrevivir. Estos son los frutos de las fuerzas siniestras que se sientan con estos acusados en el banquillo.

Para hacer justicia a las naciones y los hombres vinculados a este proceso, debo recordar ciertas dificultades que pueden dejar su marca en este caso. Nunca antes en la Historia de la Ley se ha hecho un esfuerzo para reunir en el ámbito de un único litigio los hechos de una década que afectan a todo un continente e implican a un grupo de naciones, incontables personas y hechos innumerables. A pesar de la magnitud de la tarea, el mundo ha pedido una acción inmediata. Se ha de satisfacer esta demanda, aunque quizás al coste de no ofrecer un trabajo terminado. En mi país, los tribunales establecidos, siguiendo procedimientos habituales, aplicando precedentes bien conocidos y tratando las consecuencias legales de hechos locales y limitados, rara vez comienzan un juicio en menos de un año tras el hecho en litigio. Hace menos de ochos meses la sala en la que nos sentamos era una fortaleza enemiga en manos de tropas alemanas de las SS. Hace menos de ocho meses, casi todos nuestros testigos y documentos estaban en manos enemigas.

No se había escrito la ley, no se había establecido ningún procedimiento, no existía ningún tribunal, no había aquí ninguna sala utilizable, no se habían examinado los centenares de toneladas de documentos alemanes, no se había creado ningún equipo de acusación, casi todos los acusados eran libres, y las cuatro potencias que ejercen la acusación aún no se habían unido en una causa común para procesarles. Debería ser el último en negar que el caso puede sufrir que haya investigaciones incompletas, y es muy probable que no será un ejemplo de trabajo profesional que las naciones acusadoras quieran, en condiciones normales, apoyar. Es, sin embargo, un caso completamente adecuado para el juicio que presentaremos, y tendremos que dejar su desarrollo completo a los historiadores.

Antes de discutir detalles de las pruebas, deberíamos enfrentarnos con franqueza a algunas consideraciones generales que pueden afectar al crédito de este juicio ante los ojos del mundo. Hay una gran disparidad entre las circunstancias de los acusadores y las de los acusados que podrían desacreditar nuestro trabajo si titubeáramos, incluso en cuestiones menores, al ser justos y moderados.

Desgraciadamente, la naturaleza de estos crímenes hace que tanto la acusación como la sentencia deban ser llevadas a cabo por naciones victoriosas sobre enemigos vencidos. El alcance mundial de las agresiones perpetradas por estos hombres ha dejado pocos neutrales reales. O los vencedores juzgan a los vencidos, o dejamos a los derrotados que se juzguen a sí mismos. Tras la Primera Guerra Mundial, aprendimos la futilidad de la segunda opción. El antiguo alto rango de estos acusados, la notoriedad de sus actos, y la capacidad de adaptación de su conducta para provocar represalias hace difícil distinguir entre la demanda de una retribución justa y mesurada y el grito irreflexivo de venganza que surge de la angustia de la guerra. Es nuestra tarea, mientras sea humanamente posible, trazar la línea entre ambos. Nunca debemos olvidar que lo que quede registrado de cómo juzgamos hoy a estos acusados será con lo que la Historia nos juzgará mañana. Pasarle a estos acusados un cáliz envenenado es también ponerlo en nuestros labios. Tenemos que reunir tal objetividad e integridad intelectual en nuestra tarea que este juicio pasará a la posteridad como uno que llenó las aspiraciones de la Humanidad de hacer justicia.

Nada más comenzar, rechacemos la afirmación de que juzgar a estos hombres es una injusticia, dándoles así alguna consideración especial. Estos acusados pueden estar en una situación difícil, pero no son maltratados. Veamos qué alternativa tendrían a ser juzgados.

La gran mayoría de estos prisioneros se rindieron o fueron capturados por la fuerzas de Estados Unidos. ¿Se espera de nosotros que la custodia americana sea un refugio para nuestros enemigos de la justa ira de nuestros Aliados? ¿Sacrificamos vidas americanas al capturarlos para al final salvarlos del castigo? Bajo los principios de la Declaración de Moscú, los sospechosos de crímenes de guerra que no sean juzgados internacionalmente han de ser entregados a gobiernos individuales para ser juzgados en el escenario de sus atrocidades. Muchos prisioneros de los americanos menos responsables y menos culpables han sido y siguen siendo entregados a otras Naciones Unidas para juzgarlos localmente. Si estos acusados lograran, por cualquier motivo, escapar a la condena de este Tribunal, o si obstruyen o impiden el desarrollo de este juicio, los que sean prisioneros de los americanos serían entregados a nuestros Aliados continentales. Para estos acusados, sin embargo, hemos creado un Tribunal Internacional, y nos hemos esforzado en participar en una complicada tarea para darles un juicio justo y objetivo. Esa es la mejor protección conocida para cualquier hombre con una defensa digna de ser oída.

Si estos hombres son los primeros líderes de guerra de una nación derrotada que son juzgados en nombre de la ley, también son los primeros a los que se les da la oportunidad de defender sus vidas en nombre de la ley. Siendo realistas, el Estatuto de este Tribunal, que les concede un juicio, también es la fuente de su única esperanza. Puede ser que estos hombres de conciencia atribulada, cuyo único deseo es que el mundo les olvide, no consideren que este juicio es un favor. Pero tienen una oportunidad justa de defenderse- un favor que, cuando estaban en el poder, raramente concedieron a sus compatriotas. A pesar del hecho de que la opinión pública ya condena sus actos, reconocemos que se les debe conceder la presunción de inocencia, y aceptamos el peso de demostrar los crímenes y la responsabilidad de estos acusados en su comisión.

Cuando digo que no pediremos condenas a no ser que probemos el crimen, no me refiero a meras transgresiones técnicas o accidentales de convenciones internacionales. Acusamos de conductas intencionadas y planeadas que implican un delito moral así como legal. Y no nos referimos a conductas que sean errores naturales y humanos, aun ilegales, como muchos de nosotros podríamos haber cometido si hubiéramos estado en la posición de los acusados. No es porque se dejaran llevar por las fragilidades normales de los seres humanos por lo que les acusamos. Es su conducta anormal e inhumana lo que les trae hasta aquí.

No pediremos que se condene a estos hombres por los testimonios de sus atrocidades. No hay ningún cargo en la Acusación que no pueda probarse con libros y documentos. Los alemanes siempre fueron meticulosos archivadores de documentos, y estos acusados tenían su parte de la pasión teutónica por la meticulosidad al poner las cosas en papel. Y tampoco carecían de vanidad. Permitieron con frecuencia que se les fotografiara en acción. Les mostraremos sus propias películas. Verán su conducta y oirán sus propias voces cuando estos acusados recreen para ustedes, desde la pantalla, algunos de los hechos de su conspiración.

También dejaremos claro que no tenemos ninguna intención de acusar a todo el pueblo alemán. Sabemos que el Partido Nazi no alcanzó el poder con una mayoría del voto alemán. Sabemos que llegó al poder por una maligna alianza entre los más extremistas de los revolucionarios nazis, los reaccionarios alemanes más desmedidos, y los militaristas alemanes más agresivos. Si el pueblo alemán hubiera aceptado de buen grado el programa nazi, no habrían hecho falta tropas de asalto en los primeros tiempos del Partido, y no habrían hecho falta ni los campos de concentración ni la Gestapo, instituciones que fueron creadas tan pronto como los nazis se hicieron con el control del Estado alemán. Sólo después de que estas innovaciones ilegales demostraron tener éxito en casa se llevaron a otros países.

El pueblo alemán debería saber ya que el pueblo de los Estados Unidos no le tiene miedo ni siente odio. Es cierto que los alemanes nos han enseñado los horrores de la guerra moderna, pero las ruinas que yacen del Rin al Danubio demuestran que nosotros, al igual que nuestros Aliados, no hemos sido alumnos torpes. Aunque no nos sobrecoja su fuerza y efectividad en la guerra, aunque no estemos convencidos de su madurez política, respetamos sus grandes habilidades en el arte de la paz, su competencia a nivel técnico, y el carácter sobrio, industrioso y disciplinado de la masa del pueblo alemán. En 1933, vimos al pueblo alemán recuperando su prestigio en el mundo comercial, el industrial y el artístico después del hundimiento de la última guerra. Contemplamos su progreso sin envidia ni malicia. El régimen nazi interrumpió su avance. La repugnante agresión nazi ha dejado Alemania en ruinas. La disposición de los nazis a comprometer la palabra alemana sin vacilación y a romperla sin vergüenza ha dejado sobre la diplomacia alemana una reputación de duplicidad que le afectará durante años. La arrogancia nazi ha hecho que el alardear de la "raza superior" se haya convertido en algo con lo que el mundo se burlará de los alemanes durante generaciones. La pesadilla nazi ha dado al nombre alemán un nuevo y siniestro significado por todo el mundo, que retrasará a Alemania un siglo. Los alemanes, no menos que el mundo no alemán, tienen cuentas que saldar con estos acusados.

El hecho de la guerra y su transcurso, que es la cuestión principal de nuestra causa, es Historia. Desde el 1 de septiembre de 1939, cuando los ejércitos alemanes cruzaron la frontera polaca, hasta septiembre de 1942, cuando se encontraron con una resistencia épica en Stalingrado, las armas alemanas parecían invencibles. Dinamarca y Noruega, Holanda y Francia, Bélgica y Luxemburgo, los Balcanes y África, Polonia y los Estados Bálticos, y partes de Rusia, todas habían sido invadidas y conquistadas por golpes rápidos, poderosos y bien dirigidos. Ese ataque a la paz del mundo es el crimen contra la sociedad internacional que lleva a la jurisdicción internacional crímenes cometidos en su ayuda y preparación que de otra forma podrían ser sólo cuestiones internas. Fue guerra de agresión, a la que las naciones del mundo han renunciado. Fue guerra en violación de tratados, con los que se trataba de salvaguardar la paz del mundo.

Esta guerra no ocurrió sin más- fue planeada y preparada durante un largo periodo de tiempo y sin carecer de habilidad y astucia. Quizás el mundo jamás haya visto tal concentración y estímulo de las energías de un pueblo como los que permitieron a Alemania, veinte años después de su derrota, desarmada y desmembrada, estar tan cerca de culminar su plan para dominar Europa. Digamos lo que digamos de los que fueron autores de esta guerra, realizaron un estupendo trabajo en organización, y nuestra primera tarea es examinar los medios por los que estos acusados y sus compañeros conspiradores prepararon e incitaron a Alemania a ir a la guerra.

En general, nuestro caso revelará que estos acusados se unieron en un momento u otro al Partido Nazi en un plan que sabían que sólo podría cumplirse con el estallido de una guerra en Europa. Su toma del Estado Alemán, su subyugación del pueblo alemán, su terrorismo y exterminio de elementos disidentes, su planificación y ejecución de una guerra, su crueldad calculada y planeada en el combate, su actuación criminal deliberada y planeada sobre pueblos conquistados- todo esto son fines para los que actuaron de forma concertada, y todo esto son fases de la conspiración, una conspiración que alcanzaba un objetivo tan sólo para fijarse otro más ambicioso. También rastreamos la intricada red de organizaciones que estos hombres crearon y utilizaron para cumplir estos fines. Mostraremos cómo la estructura completa de oficinas y funcionarios se dedicó a fines criminales y recurrió a métodos criminales planeados por estos acusados y sus compañeros de conspiración, muchos de los cuales han quedado fuera de alcance por la guerra y el suicidio.

Es mi intención abrir el caso, en particular el Primer Cargo de la Acusación, y tratar el Plan Común o Conspiración destinado a conseguir fines posibles sólo recurriendo a Crímenes contra la Paz, Crímenes de Guerra y Crímenes contra la Humanidad. No pondré el énfasis en perversiones individuales que pueden haber ocurrido independientes de un plan central. Uno de los peligros siempre presentes en este juicio es que puede verse prolongado por detalles de males particulares, y perderse en una "locura de instancias separadas". Y tampoco me enfrentaré ahora a la actividad de subordinados individuales, salvo que contribuya a la exposición del Plan Común.

El caso presentado por Estados Unidos se referirá a los cerebros y autoridad tras los crímenes. Estos acusados eran hombres de una posición y rango que no manchó sus manos con sangre. Eran hombres que sabían cómo utilizar a compañeros de rango inferior como herramientas. Queremos llegar a los planificadores y diseñadores, los incitadores y los líderes, sin los cuales y su maligna arquitectura el mundo no se habría visto azotado durante tanto tiempo por la violencia y el desorden, y sacudido por las agonías y las convulsiones de esta terrible guerra.

Consideraré en primer lugar el camino ilegal por el que estos hombres llegaron a hacerse con el poder que han usado así. El instrumento principal de cohesión en el plan y la acción fue el Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes, conocido como el Partido Nazi. Algunos de los acusados pertenecían a él desde el principio. Otros se unieron sólo después de que el éxito pareciera haber validado su ilegalidad o el poder le hubiera dado inmunidad frente a la ley. Adolf Hitler se convirtió en su líder supremo o "Führer" en 1921.

El 24 de febrero de 1920, en Munich, proclamó públicamente su programa (1708-PS). Algunos de sus fines podrían ser respaldados por muchos buenos ciudadanos, como el demandar "el reparto de los beneficios de las grandes industrias", "un desarrollo generoso de pensiones para los ancianos", "una reforma de la tierra adecuada a nuestras necesidades nacionales", y "elevar el nivel de la Sanidad". También hacía una fuerte llamada a cierta clase de nacionalismo que nosotros llamamos patriotismo y nuestros rivales chovinismo. Demandaba "igualdad de derechos para el pueblo alemán en su relación con otras naciones y la evolución de los Tratados de Paz de Versalles y St. Germain". Pedía "la unión de todos los alemanes en base al derecho de autodeterminación de los pueblos para formar una Gran Alemania". Reclamaba "tierra y territorios (colonias) para el enriquecimiento de nuestro pueblo y el asentamiento de nuestro excedente de población". Por supuesto, todos estos objetivos eran legítimos si se iban a conseguir sin recurrir a la guerra de agresión.

Sin embargo, el Partido Nazi contemplaba desde el principio la guerra. Demandaba la "abolición de tropas mercenarias y la formación de un ejército nacional". Proclamaba que "a la vista del enorme sacrificio de vidas y propiedades demandado a una nación en cada guerra, el enriquecimiento personal a través de la guerra debería ser considerado un crimen contra la nación. Pedimos, por tanto, la confiscación sin concesiones de todos los beneficios de guerra". No critico esta política. Es más, me gustaría que fuera universal. Simplemente quiero señalar que en tiempo de paz, la guerra era una preocupación del Partido, y comenzó el trabajo necesario para hacer que la guerra resultara menos ofensiva a las masas. Con esto se combinó un programa de entrenamiento físico y deportes para la juventud que se convirtió, como veremos, en la tapadera de un programa secreto de entrenamiento militar.

La declaración del Partido Nazi también vinculaba a sus miembros a un programa antisemita. Declaraba que ningún judío o persona de sangre no alemana podría ser un miembro de la nación. Dichas personas tenían que ser privadas del derecho a voto, impedirles el acceso a puestos en la administración, someterlos a leyes de extranjería, y proporcionarles alimentos sólo después de que se les hubieran suministrado a la población alemana. Se obligaría a todo el que hubiera entrado en Alemania tras el 2 de agosto de 1914 a partir inmediatamente, y se prohibiría toda inmigración no alemana.

El Partido también proclamó, incluso en esos primeros tiempos, un programa autoritario y totalitario para Alemania. Demandaba la creación de un fuerte poder central con autoridad incondicional, la nacionalización de todos los negocios que hubieran sido "amalgamados", y una "reconstrucción" del sistema nacional de educación, que "debía orientarse a enseñarle al alumno a comprender la idea del Estado (sociología del Estado)". Su hostilidad hacia las libertades civiles y la libertad de prensa quedó anunciada claramente en estas palabras: "Se debe prohibir publicar periódicos que no vayan dirigidos al bienestar social. Demandamos el proceso legal contra todas las tendencias en arte o literatura de cualquier clase que tiendan a desintegrar nuestra vida como nación, y la supresión de instituciones que puedan trabajar contra los requisitos anteriores".

La persecución religiosa estaba prevista y se ocultaba en el lenguaje de la libertad religiosa, ya que el programa nazi decía: "Pedimos libertad para todas las denominaciones religiosas del Estado". Pero continuaba con esta limitación: "mientras no sean un peligro para éste y no actúen contra la moralidad y el sentido moral de la raza alemana".

El programa del partido anunciaba la campaña de terrorismo. Decía: "demandamos una guerra sin cuartel contra aquellos cuyas actividades ataquen los intereses comunes", y exigía que dichos ataques se castigaran con la muerte.

Es significativo que los líderes de este partido consideraran que este programa era beligerante y que con seguridad precipitaría un conflicto. La plataforma del Partido concluía:

"Los líderes del Partido juran proceder sin importar las consecuencias -si es necesario, con el sacrificio de sus vidas- para lograr el cumplimiento de los puntos anteriores".

Son estos líderes del Partido, no todos sus afiliados, los que comparecen aquí acusados de constituir una Organización criminal.

No hemos tratado de incluir a todas las personas que pueden, en algún momento, haber apoyado al Partido Nazi, sino sólo al liderazgo que se comprometió a conseguir sus fines arriesgando sus vidas.

Veamos ahora cómo los líderes del Partido cumplieron con su compromiso a actuar sin importar las consecuencias. Obviamente, sus objetivos para el extranjero, que no eran sino deshacer los tratados internacionales y arrebatar territorio del control extranjero, así como la mayoría de su programa interno, sólo podían cumplirse poseyendo la maquinaria del Estado Alemán. El primer esfuerzo, por tanto, se dirigió a atacar a la República de Weimar por medio de la revolución violenta. Un "putsch" fracasado en Munich en 1921 terminó con muchos de ellos en prisión. Un periodo de meditación posterior produjo "Mein Kampf", desde entonces la base legal para los trabajadores del Partido y una fuente de considerables ingresos para su líder supremo. Los planes nazis destinados a la toma violenta de la débil República se convirtieron en planes para capturarla.

No se puede cometer mayor error que pensar en el Partido Nazi en términos de las poco rígidas organizaciones que en el mundo occidental llamamos "partidos políticos". En disciplina, estructura y método el Partido Nazi no estaba adaptado al proceso democrático de persuasión. Era un instrumento de conspiración y coerción. El Partido no estaba organizado para hacerse con el poder en el Estado Alemán ganándose el apoyo de una mayoría del pueblo alemán; estaba organizado para hacerse con el poder en contra de la voluntad del pueblo.

El Partido Nazi, bajo el "Führerprinzip", estaba organizado con una disciplina de hierro en una pirámide, con el Führer, Adolf Hitler, en la cúspide, que se expandía en numerosos Cuerpos de Liderazgo, compuestos de líderes de un extenso número de miembros del Partido situados en la base. De ninguna manera todos los que pueden haber apoyado al movimiento de alguna forma u otra eran miembros del Partido en realidad. Los miembros pronunciaban el juramento del Partido, que obligaba a una renuncia a la inteligencia personal y la responsabilidad moral. Éste era el juramento: "Juro fidelidad inviolable a Adolf Hitler; juro obediencia absoluta a él y a los líderes que designe para mi". Los miembros, en el día a día, seguían a sus líderes con una idolatría y sometimiento más oriental que occidental. No tendremos necesidad de adivinar los motivos o fin del Partido Nazi. El objetivo inmediato era minar la República de Weimar. La orden a todos los miembros del Partido de trabajar para conseguir dicho fin se dio en una carta de Hitler del 24 de agosto de 1931 a Rosenberg, de la que presentaremos el original. Hitler escribió:

"Estoy leyendo ahora mismo en el Volkischer Beobachter, edición 235/236, página 1, un artículo titulado '¿Trata de volver Wirth?' La idea del artículo es la de evitar que destruyamos la forma presente de gobierno. Estoy viajando por todo el país para lograr exactamente lo contrario. Querría pedir por tanto que mi propio periódico no me apuñale por la espalda con artículos tácticamente poco sabios..." (047-PS)

Películas capturadas nos permiten mostrar al acusado, Alfred Rosenberg, que desde la pantalla les contará él mismo la historia. Las SA interfirieron violentamente en las elecciones. Tenemos aquí los informes de la SD, describiendo en detalle cómo sus miembros violaron posteriormente el secreto del voto para identificar a los que se oponían a ellos. Uno de los informes da estas explicaciones:

"El control se efectuó de la siguiente manera: algunos miembros del comité de elecciones marcaron todas las papeletas con números. Durante las votaciones se hizo una lista de los votantes. Se distribuyeron las papeletas en orden numérico, con lo que fue posible después con la ayuda de esta lista averiguar qué personas votaron en blanco o invalidaron su voto. Se incluye una muestra de estas papeletas marcadas. La marca se hizo a la vuelta de las papeletas con leche desnatada". (R-142)

La actividad del Partido, además de hacerse cargo de todos los aspectos típicos de la contienda política, se hizo cargo de los preparativos para la guerra. Utilizó a una organización del partido, "Die Sturmabteilungen", conocidas como las SA. Era una organización voluntaria de jóvenes y fanáticos nazis entrenados en el uso de la violencia bajo disciplina semimilitar. Sus miembros comenzaron trabajando como guardaespaldas de los líderes nazis y rápidamente pasaron de tácticas defensivas a ofensivas. Se convirtieron en disciplinados rufianes encargados de reventar mítines de la oposición y someter al terror a los adversarios. Proclamaron que su tarea era convertir al Partido Nazi en "el amo de las calles". Las SA fueron la organización madre de otras organizaciones. Entre sus derivaciones estaban "Die Schutzstaffeln", conocidas como las SS, creadas en 1925, y que se distinguían por el fanatismo y la crueldad de sus miembros; "Der Sicherheitsdienst", conocida como la S.D.; y"Die Geheime Staatspolizei", la Policía Secreta del Estado, la infame Gestapo, creada en 1934 inmediatamente después del acceso al poder de los nazis

Un vistazo al diagrama de la Organización del Partido es suficiente para mostrar al completo cómo difería de los partidos políticos que conocemos. Tenía su base legal en el Führer y tenía sus propios tribunales y policía. Los conspiradores crearon un gobierno dentro del Partido para ejercer fuera de la ley cualquier acción que cualquier Estado legítimo podría ejercer y muchas que no podría. Su cadena de mando era militar, y sus formaciones eran marciales en nombre y función. Estaban compuestas de batallones creados para llevar armas bajo disciplina militar, cuerpos motorizados, cuerpos aéreos, y el infame "Cuerpo de la Calavera, o de la Cabeza de la Muerte", cuyo nombre era muy correcto. El Partido tenía su propia policía secreta, sus unidades de seguridad, su división de inteligencia y espionaje, sus fuerzas de asalto y sus fuerzas de juventudes. Creó elaborados mecanismos administrativos para identificar y liquidara espías e informadores, gestionar los campos de concentración, utilizar los furgones de gaseamiento, y financiar todo el movimiento. A través de círculos concéntricos de autoridad, el Partido Nazi, como su liderazgo proclamó con orgullo posteriormente, organizó y dominó cada fase de la vida alemana. pero no hasta que hubieron llevado a cabo una agria lucha interna caracterizada por una criminalidad brutal. Preparando esta fase de su lucha crearon un sistema policial para el partido. Se convirtió en el patrón y el instrumento de la policía del Estado, que era el primer objetivo de su plan.

Las organizaciones del Partido, incluidos los Cuerpos de Liderazgo del Partido, la SD, las SS, las SA y la infame Policía Secreta del Estado, o Gestapo- todas comparecen acusadas ante ustedes como organizaciones criminales; organizaciones que, como probaremos con sus propios documentos, reclutaban sólo a los nazis fanáticamente devotos, dispuestos por convicciones y temperamento a cometer actos de lo más violento para hacer avanzar el programa común. Aterrorizaron y silenciaron la oposición democrática, y pudieron coordinar sus acciones con oportunistas políticos, militaristas, hombres de la industria, monárquicos y reaccionarios políticos.

El 30 de enero de 1933, Adolf Hitler se convirtió en Canciller de la República Alemana. Un equipo maligno, representado en el banquillo de los acusados por sus supervivientes más destacados, había tenido éxito al hacerse con la maquinaria del Gobierno Alemán, una fachada tras la cual actuarían posteriormente para hacer realidad la guerra de conquista que durante tanto tiempo habían planeado. La conspiración había entrado en su segunda fase.

Hablaremos ahora de los pasos, que incluían los más insidiosos crímenes contra la Humanidad, que dieron los conspiradores para perfeccionar su control del Estado Alemán y preparar a Alemania para la guerra de agresión indispensable para sus fines.

Los alemanes de los años '20 eran un pueblo frustrado y humillado como resultado de la derrota y la desintegración de su gobierno tradicional. Los elementos democráticos, que estaban tratando de gobernar Alemania a través de la nueva y débil maquinaria de la República de Weimar, recibieron un apoyo inadecuado de las fuerzas democráticas del resto del mundo. No se puede negar que Alemania, cuando la depresión mundial se añadió a sus otros problemas, se enfrentaba a urgentes y complicadas presiones en su vida económica y política que requerían medidas drásticas.

Las medidas internas con las que una nación trata de resolver sus problemas normalmente no interesan a otras naciones. Pero el programa nazi fue desde el principio reconocido como un programa desesperado para un pueblo que todavía sufría los efectos de una guerra fracasada. Los fines de la política nazi sólo eran posibles con el nuevo estallido de una guerra más exitosa. La respuesta de los conspiradores a los problemas de Alemania eran nada más y nada menos que un plan para recuperar los territorios perdidos en la Primera Guerra Mundial y la adquisición de otras tierras fértiles de Europa Central desposeyendo o exterminando a los que las habitaban. También contemplaron destruir o debilitar a todos los demás pueblos vecinos para así hacerse con el dominio virtual de Europa, y probablemente del mundo. No necesitamos definir los límites precisos de su ambición, ya que era y es ilegal provocar guerras de agresión, sin importar si los objetivos son pequeños o grandes.

Tenemos en este periodo dos gobiernos en Alemania: el real y el ostensible.

Se mantuvo durante un tiempo la forma de la República Alemana, y era el gobierno oficial y visible. Pero la autoridad real del Estado estaba fuera, y por encima, de la ley, recayendo en los Cuerpos de Liderazgo del Partido Nazi.

El 27 de febrero de 1933, menos de un mes después de que Hitler se convirtiera en Canciller, el edificio del Reichstag se incendió. La quema de este símbolo del gobierno parlamentario libre fue tan providencial para los nazis que se cree que ellos mismos le prendieron fuego. Ciertamente, contemplando sus crímenes conocidos, no podemos creer que se arredraran ante un mero incendio. No es necesario, sin embargo, resolver la controversia sobre quién provocó el incendio. La cuestión significativa es el uso que se dio al incendio y el estado que produjo en el público. Los nazis acusaron inmediatamente al Partido Comunista de instigar y cometer el crimen, y dedicaron todos sus esfuerzos a demostrar que este acto individual de incendio era el comienzo de una revolución comunista. Aprovechándose de la histeria, los nazis se enfrentaron a esta revolución fantasma con una real. En diciembre, el Tribunal Supremo de Alemania, con un coraje e independencia encomiables, absolvió a los comunistas acusados, pero era demasiado tarde para influir en el trágico curso de los acontecimientos provocados por los conspiradores nazis.

Hitler, la mañana posterior al incendio, obtuvo del anciano y enfermo Presidente von Hindenburg un decreto presidencial por el que se suspendían las amplias garantías concedidas a las libertades individuales contenidas en la constitución de la República de Weimar. El decreto indicaba que "las Secciones 114, 115, 117, 118, 123, 124 y 153 de la constitución del Reich Alemán se suspenden hasta nuevo aviso. Así, las restricciones a la libertad personal, el derecho a la libre expresión de opiniones, incluida la libertad de prensa, el derecho de reunión y asociación, violaciones de la privacidad de comunicaciones postales, telegráficas y telefónicas y las órdenes de registro de hogares, las órdenes de confiscación y las restricciones a la propiedad, también quedan permitidas más allá de los límites legales prescritos". (1390-PS)

La amplitud de las restricciones a las libertades personales según el decreto del 28 de febrero de 1933 se comprende viendo los derechos de la Constitución de Weimar que fueron suspendidos:

Artículo 114. La libertad del individuo es inviolable. El recorte o privación de la libertad personal por parte de una autoridad pública sólo es permisible con una base legal. Las personas que hayan sido privadas de su libertad personal deben ser informadas como tarde al día siguiente de qué autoridad y por qué razones ordenó la privación de libertad. Se les debe conceder sin retraso la oportunidad de presentar recurso contra su privación de libertad.

Artículo 115. El hogar de todo alemán es su santuario y es inviolable. Sólo se podrán hacer excepciones según lo previsto por la ley.

Artículo 117. El secreto de la correspondencia y todas las comunicaciones postales, telegráficas y telefónicas es inviolable. Las excepciones son inadmisibles, excepto bajo la ley del Reich.

Artículo 118. Todo alemán tiene derecho, dentro de los límites de las leyes generales, a expresar libremente sus opiniones oralmente, por escrito, en letra impresa, en imágenes o en cualquier otra forma. Ninguna condición de trabajo o empleo puede privarle de este derecho, y no puede sufrir desventajas por el uso de este derecho por parte de ninguna persona.

Artículo 123. Todos los alemanes tienen derecho a reunirse pacíficamente y desarmados sin advertirlo y sin permisos especiales. Las leyes del Reich pueden requerir una notificación previa para las reuniones en el exterior, y puede prohibirlas en caso de peligro inmediato para la seguridad pública.

Artículo 124. Todos los alemanes tienen derecho a crear asociaciones o sociedades con fines no contrarios a la ley penal. No puede recortarse este derecho con medidas preventivas. Las mismas medidas se aplican a asociaciones y sociedades religiosas. Toda asociación puede crearse (Erwerb der Rechtsfaehigkeit) según lo previsto en el Código Civil. No se puede rechazar ninguna asociación en base a que sus principios son políticos, sociopolíticos o religiosos.

Artículo 153. La propiedad queda garantizada por la Constitución. Su contenido y límites son definidos por las leyes. La expropiación sólo puede realizarse en beneficio público y con una base legal. Se deberá conceder una compensación adecuada, a no ser que una ley del Reich ordene otra acción. En caso de disputa, se trasladará la cuestión a los tribunales civiles ordinarios, a no ser que las leyes del Reich indiquen otro curso de acción. Se debe pagar una compensación si el Reich expropia propiedades pertenecientes a Landers, Comunas o asociaciones de utilidad pública. La propiedad conlleva obligaciones. Su uso también tendrá que servir al bien común. (2050-PS)

Se ha de decir, para hacerle justicia a von Hindenburg, que la propia Constitución le autorizaba a suspender temporalmente estos derechos fundamentales "si la seguridad pública y el orden del Reich Alemán se veían considerablemente alterados o amenazados". También se ha de reconocer que el Presidente Ebert había recurrido anteriormente a este poder.

Pero el golpe Nacionalsocialista fue hecho posible porque los términos del decreto Hitler-Hindenburg diferían de todos los anteriores en que se había invocado el poder de suspensión. Cuando el Presidente Ebert suspendió las garantías constitucionales de los derechos individuales, su decreto revivió expresamente la Ley de Custodia Protectiva adoptada por el Reichstag durante la guerra anterior. Esta Ley garantizaba una audiencia ante un juez en las veinticuatro horas siguientes al resto, concedía el derecho a disponer de defensa e inspeccionar todos los documentos relevantes, concedía el derecho al recurso, y autorizaba una compensación con fondos del Tesoro por arrestos erróneos.

El decreto Hitler-Hindenburg del 28 de febrero de 1933 no incluía esas salvaguardas. Puede que von Hindenburg no se diera cuenta de la omisión. Ciertamente, no fue consciente de sus efectos. Permitió que la política nazi y las formaciones del partido, ya existentes y funcionando a las órdenes de Hitler, actuaran sin control ni responsabilidad. El arresto secreto e indefinido sin cargos, sin pruebas, sin comparecer ante un juez, sin defensa, se convirtió en el método para aplicar castigos inhumanos a aquellos de los que los nazis sospechaban o a los que no les gustaban. Ningún tribunal podía emitir órdenes, o solicitar un habeas corpus. El pueblo alemán estaba en manos de la policía, la policía estaba en manos del Partido Nazi, y el Partido estaba en manos de hombres malignos, de los que los acusados aquí presentes son líderes supervivientes y representativos.

La conspiración nazi, como demostraremos, siempre contemplaba no sólo la mera victoria sobre la oposición del momento, sino también el exterminio de elementos que no concordaran con su filosofía del Estado. No sólo trataba de establecer el "nuevo orden" nazi, sino que también trataba de asegurar su camino, como predijo Hitler, "durante mil años". Los nazis nunca dudaban o mostraban desacuerdo sobre quiénes eran esos elementos disidentes. Fueron concisamente descritos por uno de ellos, el Coronel-General von Fritzsche, el 11 de diciembre de 1938, con estas palabras:

"Poco después de la primera guerra llegué a la conclusión de que debíamos vencer en tres batallas en Alemania para ser poderosos de nuevo: (1) La batalla contra la clase trabajadora- Hitler la ha ganado; (2) Contra la Iglesia Católica, quizás mejor dicho, contra el Ultramontanismo; (3) Contra los judíos". (1947-PS)

La guerra contra estos elementos era continua. La batalla en Alemania fue casi más bien una refriega comparada con la batalla mundial librada contra ellos. Tenemos aquí clasificados por geografía y tiempo dos grupos de crímenes contra la Humanidad - uno en Alemania, antes y durante la guerra, y el otro en territorio ocupado durante la guerra. Pero los dos no estaban separados en los planes nazis. Son un desarrollo continuo del plan nazi para exterminar a pueblos e instituciones que pudieran servir como foco o instrumento para derribar su "nuevo orden mundial" en algún momento. Consideramos estos Crímenes contra la Humanidad en este punto como manifestaciones del Plan Nazi y los analizamos según la clasificación del General von Fritsche.

1. LA BATALLA CONTRA LA CLASE TRABAJADORA

Cuando Hitler llegó al poder, había en Alemania tres grupos de sindicatos: la Confederación General Alemana de Sindicatos (A.D.G.B.), con veintiocho sindicatos afiliados, y la Confederación General Independiente de Empleados (A.F.A.), con treinta sindicatos federados que totalizaban más de 4,500.000 miembros. Por último, el Sindicato Cristiano tenía1,250.000 miembros.

Los trabajadores de Alemania, como los trabajadores de otras naciones, tenían poco que ganar personalmente con la guerra. Aunque los trabajadores suelen ser convocados para apoyar a la nación en guerra, en general son en casi todo el mundo una fuerza pacífica, que no pacifista. La clase trabajadora de Alemania no había olvidado en 1933 lo pesado que podía ser el yugo del señor de la guerra. Fueron los trabajadores los que se unieron a los marineros y los soldados en la revuelta de 1918 contra la Primera Guerra Mundial. Los Nazis no lo habían perdonado ni lo habían olvidado. El programa Nazi requería que esta parte de la población alemana no sólo fuera apartada de su poder para resistirse a que sus escasas comodidades se desviaran al armamento, sino que además fuera adulada o sometida a nuevos y desconocidos sacrificios como parte de la preparación Nazi para la guerra. Había que intimidar a los trabajadores, y eso quería decir que había que destruir sus organizaciones y medios de cohesión.

El fin de la regulación laboral del Partido Nazi fue explicado por Ley en un discurso a trabajadores el 2 de mayo de 1933 de esta forma:

"Podéis decir lo que queráis, tenéis el poder absoluto. Es cierto que tenemos el poder, pero no tenemos a todo el pueblo, no os tenemos a vosotros, los trabajadores, al cien por cien, y es a vosotros a quienes queremos; no os dejaremos hasta que estéis completa y genuinamente de acuerdo con nosotros". (614-PS)

El primer ataque nazi fue contra los dos sindicatos mayores. El 21 de abril de 1933, el conspirador Robert Ley emitió una orden, ni siquiera en nombre del gobierno, sino en el del Partido Nazi, como "Jefe del Mando de la Organización política del NSDAP", aplicable a la Confederación de Sindicatos y la Confederación Independiente de Empleados. Ordenaba la confiscación de sus posesiones y el arresto de sus principales líderes. La orden del Partido indicaba que "se emplearan para la ocupación de las propiedades de los sindicatos, y para la custodia de personalidades que fueran cuestionadas" órganos del Partido que denunciamos aquí como asociaciones criminales, las SA y las SS. Y ordenaba el paso a "custodia protectora" de todos los presidentes y secretarios de distritos y directores de sindicatos y ramas del banco de los trabajadores. (392-PS)

Estas órdenes se ejecutaron el 2 de mayo de 1933. Todos los fondos de los sindicatos, incluidas pensiones y ayudas, fueron confiscados. Los líderes sindicales fueron enviados a campos de concentración. Unos pocos días después, el 10 de mayo de 1933, Hitler nombró a Ley líder del Frente Alemán del Trabajo (Deutsche Arbeitsfront), que se hizo con los fondos confiscados a los sindicatos. El Frente Alemán del Trabajo, una agencia del trabajo controlada por los nazis, fue creada bajo el mando de Ley para enseñarle la filosofía nazi a los trabajadores alemanes y apartar del empleo industrial a todos los que fueran retrasados en sus lecciones (940-PS). Se organizaron "Tropas de Fábrica" y "escuadrones de choque ideológicos dentro de la fábrica" (1817-PS). La orden del Partido indicaba "aparte del Frente Alemán del Trabajo, no ha de existir ninguna otra Organización (de trabajadores o empleados)". El 24 de junio de 1933 se eliminaron los Sindicatos Cristianos, siguiendo una orden del Partido Nazi firmada por Ley.

El 19 de mayo de 1933, esta vez a través de un decreto del Gobierno, se ordenó que "administradores" de trabajo, nombrados por Hitler, regularían las condiciones de todos los contratos laborales, sustituyendo el proceso anterior del convenio colectivo (405-PS). El 30 de noviembre de 1934, un decreto que "regulaba el trabajo nacional" introdujo el principio de liderazgo en las relaciones industriales. Ordenaba que los propietarios de las empresas serían los "Führers" y los trabajadores, sus seguidores. Los führers empresariales deberían "tomar decisiones sobre los empleados y trabajadores en todas las cuestiones relacionadas con la empresa" (1861-PS). Fue de esta forma como se indujo a los grandes industriales alemanes a apoyar la causa nazi, para su ruina definitiva.

Los nazis no sólo dominaron y regularon el trabajo en Alemania, sino que también introdujeron a la juventud en los puestos de los trabajadores que habían sido encarcelados. A través del decreto sobre el servicio de trabajo obligatorio del 26 de junio de 1935, se reclutó para trabajar a los hombres y mujeres jóvenes de entre 18 y 25 años (1654-PS). Así se cumplió el objetivo de subyugar a los trabajadores alemanes.

En palabras de Ley, el logro consistía "en eliminar el carácter asociativo de los sindicatos y asociaciones de empleados, y en su lugar hemos introducido el concepto de 'soldados del trabajo'". La mano de obra productiva de la nación alemana estaba bajo control nazi. Con estas medidas los acusados ganaron la batalla para liquidar los sindicatos como oposición potencial y pudieron imponer sobre la clase trabajadora el peso de prepararse para la guerra de agresión.

Robert Ley, el mariscal de campo de esta batalla contra los sindicatos, respondió a nuestra acusación con el suicidio. Al parecer no conocía una respuesta mejor.

2. LA BATALLA CONTRA LAS IGLESIAS

El Partido Nazi siempre fue predominantemente anticristiano por su ideología. Pero los que creemos en la libertad de conciencia y religión no acusamos a nadie por su ideología. No es porque los nazis fueran irreligiosos o paganos, sino porque persiguieron a los cristianos, por lo que se convirtieron en culpables de un crimen, y es porque la persecución era un paso en la preparación de la guerra de agresión por lo que el delito se convierte en uno de consecuencias internacionales. Para eliminar cualquier influencia moderadora sobre el pueblo alemán y poner totalmente a la población en pie de guerra, los conspiradores planearon y llevaron a cabo una represión sistemática y despiadada contra todas las distintas iglesias cristianas.

Pediremos que se condene a los nazis en base a sus propias declaraciones. En junio de 1941 Martin Bormann emitió un decreto secreto en relación a la Cristiandad y el Nacionalsocialismo. El decreto decía:

"Por primera vez en la Historia de Alemania el Führer tiene consciente y completamente el liderazgo del pueblo en sus propias manos. Con el Partido, sus componentes y unidades adjuntas, el Führer ha creado para sí mismo, y por tanto para el liderazgo del Reich Alemán, un instrumento que le hace independiente de la iglesia. Todas las influencias que puedan reducir o dañar el liderazgo del pueblo ejercido por el Führer con la ayuda del NSDAP han de ser eliminadas. Cada vez más se ha de separar al pueblo de las iglesias y sus representantes, los pastores. Por supuesto, las iglesias, desde su punto de vista, deben defenderse y se defenderán contra esta pérdida de poder. Pero nunca más se debe ceder influencia sobre el liderazgo a las iglesias. Esta influencia debe ser rota completamente y para siempre. Sólo el gobierno del Reich, y el Partido a través de su dirección, sus componentes y unidades adjuntas, tienen derecho a liderar al pueblo. Así como el Estado ha suprimido y eliminado la nociva influencia de astrólogos, videntes y otros impostores, también se ha de eliminar la posibilidad de la iglesia de influir. Hasta que esto no ocurra, el liderazgo del Estado no tendrá influencia en los ciudadanos individuales. Hasta entonces el pueblo y el Reich no tendrán seguridad en toda su existencia futura" (D-75)

Y el cómo el Partido había estado apartando al Reich de la influencia cristiana será demostrado por documentos como este teletipo de la Gestapo de Berlín a la Gestapo de Nuremberg, del 24 de julio de 1938. Oigamos su relato de los hechos ocurridos en Rothenburg:

"El 23 de julio de 1938, a partir de las 21 horas, el Partido llevó a cabo la tercera manifestación contra el obispo Sproll. Se trajo a los participantes, entre 2.500 y 3.000, de fuera, con autobuses, etc. De nuevo, los habitantes de Rothenburg no participaron en la manifestación. Esta ciudad adoptó una actitud bastante hostil hacia las manifestaciones. La acción se fue completamente de las manos del Miembro del Partido responsable de ella. Los manifestantes asaltaron el palacio, registraron las habitaciones, arrojaron archivos por las ventanas y revolvieron las camas de las habitaciones del palacio. Se quemó una cama. Antes de que el fuego alcanzara a los otros objetos o equipamiento de las habitaciones y el palacio, se arrojó la cama en llamas por la ventana y se apagó el fuego. El obispo estaba con el arzobispo Groeber, de Friburgo, y los hombres y mujeres del servicio, en la capilla, rezando. Entre 25 y 30 personas entraron en esta capilla y molestaron a los presentes. Se confundió al obispo Groeber con el obispo Sproll. Le agarraron de la ropa y forcejearon con él. Finalmente, los intrusos se dieron cuenta de que el obispo Groeber no era a quien buscaban. Se les logró convencer entonces de que abandonaran el edificio. Tras la evacuación del palacio por parte de los manifestantes, me entrevisté con el arzobispo Groeber, que se marchó de Rothenburg por la noche. Groeber quiere de nuevo recurrir al Führer y el Ministro de Interior del Reich, el Dr. Frick. Sobre el desarrollo de la acción, los daños hechos, así como el homenaje de los habitantes de Rothenburg al obispo que comienza hoy, enviaré inmediatamente un informe completo, después de que empiece a suprimir las contra manifestaciones. En caso de que el Führer tenga instrucciones que proporcionar sobre esta cuestión, pido que me sean transmitidas lo antes posible" (848-PS)

Un tiempo después, el acusado Rosenberg escribió a Bormann una revisión de la propuesta de Herrl como ministro de la Iglesia para poner a la Iglesia Protestante bajo el tutelaje del Estado y proclamar a Hitler su líder supremo. Rosenberg se oponía, argumentando que el nazismo debía suprimir completamente la Iglesia Cristiana tras la guerra.

La persecución de todas las sectas pacifistas y disidentes, como los Testigos de Jehová y la Asociación Pentecostal, fue particularmente implacable y cruel. La política con las Iglesias Evangélicas, en cambio, fue la de usar su influencia para los fines nazis. En septiembre de 1933 se nombró a Muller representante del Führer con poder para tratar "los asuntos de la Iglesia Evangélica" en sus relaciones con el Estado. Posteriormente, se dieron pasos para crear un obispo del Reich con poder para controlar esta Iglesia. Tuvo lugar un largo conflicto, se envió al pastor Niemoller a un campo de concentración, y se dio una mayor interferencia en la disciplina y administración internas de las Iglesias.

Se dirigió un ataque más intenso contra la Iglesia Católica Romana. Tras un estratégico Concordato con la Santa Sede, firmado en julio de 1933 en Roma, que nunca fue respetado por el Partido Nazi, se llevó a cabo una larga y persistente persecución contra la Iglesia Católica, sus sacerdotes y sus miembros. Se suprimieron las Escuelas de la Iglesia y sus instituciones educativas, o se vieron sometidas a requisitos de la enseñanza nazi que no encajaban en la fe cristiana. Se confiscó la propiedad de la Iglesia, y el vandalismo alentado contra propiedades de la Iglesia no fue castigado. Se impidió la instrucción religiosa y se dificultó el ejercicio de la religión. Se atacó a sacerdotes y obispos, se animaron disturbios para amedrentarlos, y muchos fueron enviados a campos de concentración.

Tras la ocupación de territorio extranjero, estas persecuciones continuaron con mayor vigor que antes. De los archivos de El Vaticano, presentaremos las enérgicas protestas hechas por El Vaticano a Ribbentrop por las persecuciones a las que los sacerdotes y la Iglesia se habían visto sometidos en este siglo XX bajo el régimen nazi. Ribbentrop nunca les respondió. No podía negarlo. No se atrevió a justificarlo.

Paso ahora a los "Crímenes contra los judíos".

EL PRESIDENTE: Haremos ahora nuestro receso de mediodía.

(Receso hasta las 14:00 horas)

EL PRESIDENTE: El Tribunal hará un receso durante quince minutos a las tres y media y después continuará hasta las cuatro y media.

SR. LETRADO JACKSON: Iba a pasar a los "Crímenes Cometidos contra los Judíos".

3. CRÍMENES COMETIDOS CONTRA LOS JUDÍOS

Los crímenes más salvajes y numerosos cometidos por los nazis fueron contra los judíos. En Alemania en 1933 sumaban un total de 500.000. En general, habían conseguido por méritos propios posiciones sociales que provocaban envidia, y habían acumulado propiedades que excitaban la avaricia de los nazis. Eran suficientemente pocos como para estar indefensos, y suficientemente numerosos para ser mostrados como una amenaza.

Que no haya ningún malentendido en la acusación sobre la persecución de los judíos. De lo que acusamos a estas personas no es de esas arrogancias y actitudes pretenciosas que con frecuencia acompañan la convivencia de diferentes pueblos y que pueden, a pesar de los esfuerzos honrados del Gobierno, provocar crímenes lamentables y convulsiones. Es mi propósito mostrar el plan que los nazis estaban fanáticamente dispuestos a cumplir para aniquilar a todo el pueblo judío. Estos crímenes fueron organizados y promovidos por el Liderazgo del Partido, y ejecutados y protegidos por los funcionarios nazis, como demostraremos con órdenes escritas de la propia Policía Secreta del Estado.

La persecución de los judíos fue una política continua y deliberada. Fue una política dirigida contra otras naciones, así como contra los propios judíos. Se promovió el antisemitismo para dividir y agitar a los pueblos democráticos y debilitar su resistencia a la agresión nazi. Como Robert Ley declaró en Der Angriff el 14 de mayo de 1933, "la segunda arma secreta alemana es el antisemitismo porque, si es constantemente seguido por Alemania, se convertirá en un problema universal que todas las naciones se verán forzadas a considerar".

El antisemitismo también ha sido adecuadamente descrito como una "punta de lanza del terror". El gueto fue el laboratorio para probar medidas represivas. La propiedad judía fue la primera expropiada, pero la costumbre se extendió y se aplicaron medidas similares contra alemanes antinazis, polacos, checos, franceses y belgas. El exterminio de los judíos permitió a los nazis aplicar con cierta práctica medidas similares contra polacos, serbios y griegos. La desgracia de los judíos fue una constante amenaza contra la oposición y el descontento entre otros elementos de la población de Europa- pacifistas, conservadores, comunistas, católicos, protestantes, socialistas. Fue de hecho una amenaza contra toda opinión disconforme y contra toda vida no nazi.

La política de persecución contra los judíos comenzó con medidas no violentas, como la negación del derecho al voto y la discriminación de su religión, y la creación de impedimentos al éxito en la vida económica. Cambió rápidamente para pasar a ser violencia masiva organizada contra ellos, aislamiento físico en guetos, deportación, trabajos forzados, muerte masiva por hambre y exterminio. El Gobierno, las organizaciones del Partido acusadas de ser organizaciones criminales, la Policía Secreta del Estado, el Ejército, asociaciones privadas y semipúblicas y bandas "espontáneas" cuidadosamente creadas desde fuentes oficiales, fueron todos agencias dedicadas a su persecución. Y no iba dirigida contra judíos concretos por ser malos ciudadanos o por impopularidad. El propósito era la destrucción del pueblo judío en su totalidad, como un fin en sí mismo, como medida de preparación para la guerra, y como forma de disciplinar a pueblos conquistados.

La conspiración o plan común para exterminar a los judíos fue aplicada tan metódica y rigurosamente que, a pesar de la derrota alemana y el colapso nazi, este objetivo nazi se ha cumplido ampliamente. Sólo quedan restos de la población judía de Europa en Alemania, en los países que ocupó Alemania, y en aquellos que eran sus satélites o colaboradores. De los 9,600.000 judíos que vivían en la Europa dominada por los nazis, se estima con autoridad que ha perecido el 60 por ciento- unos 5,700.000 judíos han desaparecido de los países en los que vivían anteriormente, y alrededor de 4,500.000 no pueden atribuirse a la tasa de mortalidad normal ni a la inmigración, ni pueden incluirse entre las personas desplazadas. La Historia no ha registrado jamás un crimen perpetrado contra tantas víctimas ni uno llevado a cabo con una crueldad tan calculada.

Tendrán dificultades, como las tengo yo, para mirarle a la cara a esos acusados y creer que en este siglo XX haya seres humanos que puedan inflingir los sufrimientos que se probarán aquí a sus propios compatriotas, así como a sus llamados enemigos "inferiores". Crímenes concretos, y sus defensas, han de tratarse en el Consejo del Gobierno Soviético si se han cometido en el Este, y en el Consejo de la República de Francia si se han cometido en el Oeste. Hago referencia a ellos simplemente para mostrar su magnitud como prueba de que hubo un propósito y un conocimiento común a todos los acusados de un plan oficial, no una política caprichosa de algún comandante aislado, y para demostrar la continuidad de la persecución judía, desde el comienzo de la conspiración nazi hasta su colapso, hechos que nos impiden creer que se pudiera identificar a ninguna persona con cualquier parte de la acción nazi sin que hubiera aprobado este punto, el más notorio, de su programa.

La propia acusación cita muchas pruebas de las persecuciones antisemitas. El acusado Streicher dirigió a los nazis en el extremismo y el resentimiento antisemita. En un artículo aparecido en Der Sturmer el 19 de marzo, se quejaba de que las enseñanzas cristianas se habían interpuesto en el camino de la "solución racial de la cuestión judía en Europa", y citaba con entusiasmo como la solución del siglo XX la proclamación del Führer del 24 de febrero de 1943 de que "el judío será exterminado". Y el 4 de noviembre de 1943, Streicher declaró en Der Sturmer que los judíos "han desaparecido de Europa y la 'Reserva del Este' judía con la que la plaga judía ha acosado a los pueblos de Europa durante siglos, ha dejado de existir". Streicher tiene ahora la desfachatez de decirnos que es "tan sólo un sionista", que sólo quiere devolver a los judíos a Palestina. Pero el 7 de mayo de 1942 su periódico, Der Sturmer, tenía esto que decir:

"¡No es sólo un problema europeo! ¡La cuestión judía es un problema mundial! No sólo no está a salvo Alemania de los judíos mientras viva algún judío en Europa, sino que además la cuestión judía difícilmente puede resolverse en Europa mientras vivan judíos en el resto del mundo".

Y el acusado Hans Frank, del que he de decir con vergüenza que es abogado de profesión, resumió en su diario en 1944 la política nazi así:

"Los judíos son una raza que tiene que ser eliminada; cuando cogemos a uno, es su fin)". (Documento nº 2233-PS, Vol.1944, pág. 26)

Y anteriormente, hablando de su función como Gobernador General de Polonia, le confió a su diario este sentimiento:

"Por supuesto, no puedo eliminar a todos los piojos y judíos en sólo un año". (2233-PS, Vol. IV, 1940, pág. 1159)

Podría multiplicar eternamente estos insultos nazis, pero lo dejaré hasta el momento de aportar pruebas y volveré al fruto de este pensamiento maligno.

La acción más seria contra los judíos estaba fuera de cualquier ley, pero la propia ley fue empleada hasta cierto punto. Estaban los infames decretos de Nuremberg del 15 de septiembre de 1935 ("Reichsgesetzblatt," 1935, Parte 1, pág. 1146). Los judíos fueron segregados en guetos y puestos a hacer trabajos forzados; fueron expulsados de sus profesiones; se expropiaron sus propiedades; toda la vida cultural, la prensa, el teatro y las escuelas quedaron prohibidos para ellos; y se hizo a la SD responsable de ellos (212-PS, 069-PS). Eran una guardia que no auguraba nada bueno, como demuestra la siguiente orden para "El Manejo de la Cuestión Judía":

"La competencia del Jefe de la Policía de Seguridad y el Servicio de Seguridad, que se encarga de resolver la cuestión de los judíos de Europa, se extiende incluso a las provincias orientales ocupadas...

No se han de evitar actos eventuales de la población civil contra los judíos siempre y cuando sean compatibles con el mantenimiento del orden y la seguridad en la retaguardia de las tropas en combate..

El primer objetivo principal de las medidas alemanas debe ser la estricta segregación de los judíos del resto de la población. En la ejecución de esto, lo primero de todo es la captura de la población judía con la introducción de una orden de registro y medidas similares apropiadas...

A continuación y de forma inmediata, se ha de poner en marcha el llevar la señal de reconocimiento, una estrella judía amarilla, y se han de abolir todos los derechos de los judíos. Se les ha de trasladar a guetos, y al mismo tiempo, separarlos por sexos. La presencia de muchos asentamientos judíos más o menos cerrados en la Rutenia Blanca y Ucrania hace esta misión más sencilla. Más aún, se han de escoger lugares que hagan posible el uso completo de la fuerza de trabajo judía en caso de que haya necesidades laborales. Se han de confiscar todas las propiedades judías, con la excepción de lo que sea necesario para la mínima subsistencia. Mientras lo permita la situación económica, el desposeer a los judíos de sus propiedades ha de hacerse lo antes posible a través de órdenes y otras medidas dadas por el comisariado, para que así el movimiento de propiedades cese rápidamente.

Se ha de prohibir cualquier actividad cultural al judío. Esto incluye el prohibir la prensa judía y las escuelas y teatros judíos.

"También se ha de prohibir el sacrificio de animales según los ritos judíos" (212-PS)

La campaña antijudía se hizo furiosa tras el asesinato en París del Consejero de la Legación Alemana von Rath. Heydrich, el jefe de la Gestapo, envió un telegrama a todas las oficinas de la Gestapo y la SD con órdenes de provocar rebeliones "espontáneas" previstas para las noches del 9 y el 10 de noviembre de 1938 para ayudar en la destrucción de propiedades judías y proteger las de los alemanes. No se ha visto jamás como prueba documento más cínico. Hay también un informe de un Jefe de Brigada de la SS, el Dr. Stahlecher, dirigido a Himmler, que dice que:

"De forma similar, se indujo a fuerzas antisemitas nativas a comenzar pogroms contra los judíos tras la captura, aunque esta inducción demostró ser muy difícil.

Siguiendo órdenes, la Policía de Seguridad estaba decidida a resolver la cuestión judía con todos los medios posibles y definitivamente. Pero era de desear que la Policía de Seguridad no apareciera inmediatamente, al menos al principio, dado que las extremadamente duras medidas podían causar desasosiego incluso en círculos alemanes. Había que demostrarle al mundo que la propia población nativa actuó en primer lugar como reacción natural contra la opresión ejercida por los judíos durante décadas y contra el terror ejercido por los comunistas en el periodo anterior.

A la vista de la extensión del área de operaciones y el gran número de tareas que tenía que realizar la Policía de Seguridad, se trató desde el primer momento de obtener la cooperación de la población de fiar para la lucha contra la sabandija- los judíos y los comunistas. Más allá de nuestra dirección de las primeras acciones espontáneas de auto limpieza, de las que se informará más adelante, se tenía que tener cuidado para que se encargara el trabajo de limpieza a personas de fiar, y que se les nombrara miembros auxiliares de la Policía de Seguridad

Kovno. Para nuestra sorpresa, no fue fácil al principio poner en marcha un amplio pogrom contra los judíos. Klimatis, el líder de la unidad de partisanos, mencionada anteriormente, que era usada para este fin fundamentalmente, tuvo éxito al comenzar un pogrom en base a los consejos que le dio un pequeño destacamento avanzado que actuaba en Kovno, y de una forma tal que no se percibió desde el exterior ninguna orden alemana ni ninguna instigación alemana. Durante el primer pogrom, la noche del 25 al 26, los partisanos lituanos eliminaron a más de 1.500 judíos, prendieron fuego a varias sinagogas o las destruyeron por otros medios y quemaron un distrito residencial judío formado por unas 60 casas. Durante las noches siguientes, se convirtió en inofensivos a unos 2.300 judíos. En otras partes de Lituania acciones similares siguieron el ejemplo de Kovno, aunque fueron más pequeñas y se extendieron a los comunistas que habían quedado atrás.

Estas acciones de auto limpieza tuvieron lugar con tranquilidad porque las autoridades del Ejército que habían sido informadas mostraron comprensión hacia este procedimiento. Desde el principio era obvio que sólo los primeros días tras la ocupación ofrecerían la oportunidad de llevar a cabo pogroms. Tras el desarme de los partisanos, lógicamente, cesaron las acciones de auto limpieza

Resultó ser mucho más difícil provocar acciones similares de limpieza en Letonia.

Desde el primer momento, se esperaba que el problema judío en el Este no podría ser resuelto tan sólo por medio de los pogroms. De acuerdo con las órdenes básicas recibidas, sin embargo, las actividades de limpieza de la Policía de Seguridad tenían como objetivo la completa aniquilación de los judíos...

"La suma total de judíos liquidados en Lituania asciende a 71.105..." (L-180)

Por supuesto, es evidente que estos "alzamientos" fueron gestionados por el gobierno y el Partido Nazi. Si dudáramos, podríamos recurrir al memorándum de Streicher del 14 de abril de 1939, que dice: "La acción antijudía de noviembre de 1938 no surgió espontáneamente de la gente. Parte de las organizaciones del partido se han hecho cargo de le ejecución de la acción antijudía" (406-PS). Se multó a todo el colectivo judío con mil millones de Reichsmarks. Se les excluyó de todos los negocios, y se confiscaron las reclamaciones a las compañías de seguros por sus propiedades incendiadas, todo ello a través del decreto del acusado Goering. (Reichsgesetzblatt, 1938, Parte 1, págs. 1579-1582.)

Las sinagogas fueron objeto de una venganza especial. El 10 de noviembre de 1938 se dio la siguiente orden:

"Por orden del Comandante de Grupo, se han de volar o incendiar todas las sinagogas judías del área de la Brigada 50... La operación se llevará a cabo vistiendo ropas civiles... Se informará de la ejecución de la orden..." (1721-PS.)

Se presentarán unos 40 teletipos del cuartel general de la policía que hablarán de la furia con que todos los judíos fueron perseguidos en Alemania esas terribles noches de noviembre. Se dio carta blanca a las tropas de la SS y la Gestapo lo supervisó. Se destruyó propiedad judía. La Gestapo ordenó que se arrestara a treinta mil "judíos de buena posición". Serían recibidos en campos de concentración, y la orden indicaba que se tomara a los judíos ricos aptos para trabajar (3051-PS)

A medida que se expandían las fronteras alemanas por la guerra, así lo hacía la campaña contra los judíos. El plan nazi nunca fue limitado a Alemania, siempre contemplaba la extinción de los judíos en Europa y con frecuencia en el mundo. En Occidente, los judíos fueron asesinados y sus propiedades arrebatadas. Pero la campaña alcanzó su cénit de salvajismo en el Este. Los judíos del Este han sufrido como nunca ha sufrido un pueblo. Se informaba cuidadosamente a las autoridades nazis de sus sufrimientos para demostrar una adhesión fiel a los designios nazis. Me referiré tan sólo al número adecuado de pruebas disponibles para demostrar la extensión del plan nazi para asesinar a los judíos.

Si tuviera que citar estos horrores con mis propias palabras, pensarían que carezco de moderación y no soy de fiar. Afortunadamente, no necesitamos las palabras de ningún testigo, sino las de los propios alemanes. Les invito ahora a ver unos pocos del vasto número de órdenes e informes alemanes capturados que serán presentados como pruebas para saber lo que significaba una invasión nazi. Presentaremos pruebas como el informe del "Einsatzgruppe (Grupo de Acción) A" del 15 de octubre de 1941, que alardea de que al ocupar los Estados Bálticos, "se indujo a fuerzas antisemitas nativas a comenzar pogroms contra los judíos durante las primeras horas tras la ocupación". El informe continúa:

"Desde el primer momento se tuvo en cuenta que el problema judío en el Este no podría ser resuelto sólo con pogroms. De acuerdo con las órdenes básicas recibidas, sin embargo, las actividades de limpieza de la Policía de Seguridad tenían como objetivo la aniquilación completa de los judíos. Destacamentos especiales reforzados por unidades seleccionadas -en Lituania, unidades de partisanos, en Letonia unidades de la policía auxiliar letona- realizaron así grandes ejecuciones tanto en las ciudades como en áreas rurales. Las acciones de los destacamentos de ejecución se realizaron con suavidad".

La suma total de los judíos liquidados en Lituania, de acuerdo con el informe, asciende a 71.105. Durante los pogroms en Kovno, 3.800 judíos fueron eliminados, en las ciudades más pequeñas, unos 1.200.

"En Letonia, se ha ejecutado hasta ahora a un total de 30.000 judíos. Quinientos fueron eliminados por medio de pogroms en Riga" (L-180)

Esto es un informe capturado del Comisionado de Sluzk del 20 de octubre de 1941 que describe la escena con más detalle. Dice:

"...El teniente explicó que el batallón de policía había recibido la orden de realizar la liquidación de todos los judíos de la ciudad de Sluzk en dos días... Entonces le pedí que pospusiera la acción un día. Sin embargo, rechazó esto diciendo que tenía que llevar a cabo esta acción en todas partes y en todas las ciudades, y que sólo se habían reservado dos días para Sluzk. En esos dos días había que limpiar de la ciudad de Sluzk de judíos fuera como fuese... Se sacó a todos los judíos sin excepción de las fábricas y las tiendas y se les deportó a pesar de nuestro acuerdo. Es cierto que parte de los judíos fueron trasladados desde el gueto, donde muchos fueron procesados y todavía apartados por mi, pero se subió a una gran parte a camiones y se les liquidó sin más demora fuera de la ciudad. Por lo demás, en cuanto a la ejecución de la acción, he de señalar con el mayor de mis disgustos que bordeó el sadismo. La propia ciudad ofrecía una imagen de horror durante la acción. Con una brutalidad indescriptible por parte de los oficiales de policía alemanes, y en particular por parte de los partisanos lituanos, los judíos, pero también entre ellos rutenos blancos, fueron sacados de sus hogares y agrupados. En cualquier lugar de la ciudad se oían disparos y en varias calles se acumulaban cadáveres de judíos fusilados. Los rutenos blancos estaban terriblemente angustiados por conseguir que se les liberara del acorralamiento. Sin importar el hecho de que los judíos, entre los que había también hombres de negocios, fueron maltratados de una forma terriblemente bárbara ante los rutenos blancos, éstos también fueron golpeados con porras de goma y culatas de rifle. No había ya ninguna duda sobre una acción contra los judíos. Parecía una revolución..." (1104-PS.)

Hay informes que simplemente ponen en una tabla el número de asesinados. Otro ejemplo es un relato del trabajo de los Einsatzgruppen de la Sipo y la SD en el Este que dice que "en Estonia, todos los judíos fueron inmediatamente arrestados tras la llegada de la Wehrmacht".

Se sometió a trabajos forzados a los hombres y mujeres judíos mayores de dieciséis años y capaces de trabajar. Se sometió a los judíos a todo tipo de restricciones y se confiscaron todas las propiedades judías.

Todos los hombres judíos mayores de dieciséis fueron ejecutados, con la excepción de los médicos y los ancianos. Sólo sobrevivieron 500 de 4.500 judíos.

Durante octubre, 37.180 personas fueron liquidadas por la Sipo y la SD en la Rutenia Blanca.

En una ciudad se ejecutó a 337 mujeres judías por mostrar una "actitud provocativa". En otra, 380 judíos fueron fusilados por difundir propaganda maligna.

Y así sigue el informe, listando ciudad tras ciudad, con cientos y cientos de judíos asesinados.

En Vitebsk se liquidó a 3.000 por peligro de epidemia.

En Kiev, 33.771 judíos fueron ejecutados entre el 29 y el 30 de septiembre como represalia por unos incendios que se provocaron allí.

En Zhitomir, 3.135 judíos "tuvieron que ser fusilados" porque, según la experiencia, había que considerar que eran los difusores de propaganda bolchevique.

En Kherson, 410 judíos fueron ejecutados en represalia por actos de sabotaje. En el territorio al este del Dnieper, se "resolvió" el problema judío por medio de la liquidación de 4.891 judíos y llevando al resto a batallones de trabajo de hasta 1.000 personas (R-102)

Otros relatos no hablan tanto de la masacre como de lo profundo de la degradación a la que llegaron los torturadores. Por ejemplo, mostraremos el informe elaborado por el acusado Rosenberg sobre el Ejército y las SS en el área bajo jurisdicción de Rosenberg, que decía lo siguiente:

"Detalles: en presencia de hombres de las SS, un dentista judío tiene que sacar todos los dientes de oro y empastes de la boca de judíos alemanes y rusos antes de ser ejecutados.

Se encierra a hombres, mujeres y niños en establos, y son quemados vivos.

Campesinos, mujeres y niños, son fusilados con el pretexto de que se sospecha que pertenezcan a bandas". (R-135.)

En Occidente oímos hablar de vagones de gaseamiento en los que se asfixiaba a judíos y opositores políticos. No podíamos creerlo. Pero aquí tenemos el informe del 16 de mayo de 1942 del oficial alemán de las SS Becker, a su supervisor en Berlín, que cuenta esta historia:

"Los furgones de gaseamiento del grupo C pueden llevarse al punto de la ejecución, que en general está a entre diez y quince kilómetros de la carretera principal, sólo cuando no llueve. Dado que los que van a ser ejecutados se ponen histéricos si se les lleva a este lugar, estos furgones quedan inmovilizados cuando llueve.

Los furgones de gaseamiento del grupo D fueron camuflados como camiones con remolque, pero son vehículos bien conocidos por las autoridades y la población civil, que los llama 'Furgones de la Muerte'.

El autor de la carta, Becker, ordenaba a todos los hombres que se mantuvieran los más alejados posible durante el gaseamiento. La descarga del furgón tras el gaseamiento tiene 'atroces efectos espirituales y físicos' en los hombres y se les debería ordenar no participar en dicho trabajo" (501-PS)

No trataré más este asunto, salvo para citar otro repugnante documento que evidencia el carácter planeado y sistemático de estas persecuciones contra los judíos. Presento un informe escrito con precisión teutónica hasta el último detalle, ilustrado con fotografías para autenticar su texto casi increíble, y forrado hermosamente en cuero con el cariño dado a un trabajo del que alguien se siente orgulloso. Es el informe original del General de Brigada de las SS Stroop, encargado de la destrucción del gueto de Varsovia, y su página de título lleva escrito: "El gueto judío de Varsovia ha dejado de existir". Es característico que uno de los pies de foto explica que la fotografía en cuestión muestra la expulsión de "bandidos" judíos; las personas que se ven salir en la fotografía son casi en su mayor parte mujeres y niños pequeños. Contiene un relato día a día de los asesinatos perpetrados por las SS, demasiado largo para exponerlo, pero déjenme citar el resumen del General Stroop:

"Sólo se pudo suprimir la resistencia planteada por los judíos y los bandidos por medio de acciones enérgicas de nuestras tropas día y noche. El Reichsführer de las SS ordenó el 23 de abril de 1943 la limpieza del gueto con total inmisericordia y tenacidad implacable. Por tanto, decidí destruir e incendiar todo el gueto sin tener en cuenta las fábricas de armamento. Estas fábricas fueron desmanteladas sistemáticamente, y entonces, incendiadas. Los judíos normalmente abandonaban sus escondites, pero con frecuencia permanecían en los edificios en llamas y saltaban por las ventanas sólo cuando el calor se hacía insoportable. Entonces trataban de arrastrarse con huesos rotos por la calle para entrar en edificios que no estuvieran ardiendo. La vida en las alcantarillas dejó de ser cómoda tras la primera semana. Muchas veces podíamos oír voces en ellas. Hombres de la SS y policías se metieron valientemente por las bocas de alcantarilla para capturar a estos judíos. A veces tropezaban con cadáveres de judíos; a veces les disparaban. Se arrojaban bombas de gas lacrimógeno por las bocas de alcantarilla, sacando así a los judíos y capturándolos. Un número incontable de judíos fueron liquidados en alcantarillas y búnkers al volarlos. Cuanto más duraba la resistencia, más duros se volvían los miembros de las Waffen SS, la policía y la Wehrmacht, que siempre llevaron a cabo su tarea de forma ejemplar. Con frecuencia, los judíos que trataban de reabastecerse de comida durante la noche o de comunicarse con grupos vecinos eran exterminados" (1061-PS)

"Esta acción eliminó", dice el comandante de la SS, "un total demostrado de 56.065. A esto hay que añadir el número de muertos por voladuras, incendios, etc. que no se pueden contar".

Acusamos de que todas las atrocidades contra los judíos fueron la manifestación y culminación del plan nazi en el que participaron todos los acusados aquí presentes. Sé muy bien que algunos de estos hombres tomaron medidas para librar a algún judío concreto por razones personales de los horrores que esperaban al judío sin protección. Algunos protestaron por atrocidades particulares, y no dieron crédito a la política general. Aunque unos pocos acusados pueden haberse esforzado para lograr excepciones específicas a la política de exterminio judío, no he encontrado ningún caso en el que ningún acusado se opusiera a la propia política o tratara de revocarla o siquiera modificarla.

La determinación de destruir a los judíos era una fuerza que establecía un vínculo que en todo momento cimentaba los elementos de esta conspiración. Había diferencias en muchas políticas internas entre los acusados. Pero no hay ninguno que no haya coreado el grito de unión del nazismo: DEUTSCHLAND ERWACHE-JUDAVERRECKE (¡Alemania, despierta! ¡Judío, perece!)

Pasaré ahora a analizar el terrorismo y la preparación para la guerra.

Se considera que la forma en la que en general un gobierno trata a sus habitantes no es de la incumbencia de otros gobiernos o de la sociedad internacional. Ciertamente, pocas opresiones o crueldades podrían lograr la intervención de potencias extranjeras. Pero ahora se sabe que el maltrato alemán de alemanes superó en magnitud y salvajismo cualquier límite de lo que es tolerado por la civilización moderna. Otras naciones, con el silencio, estarían consintiendo esos crímenes. Además, estas persecuciones nazis adquieren el carácter de crímenes internacionales a causa del fin con el que se cometieron.

El fin, como hemos visto, de librarse de la influencia de los sindicatos, las iglesias y los judíos, era despejar las obstrucciones a la precipitación de una guerra de agresión. Si la guerra de agresión en violación de obligaciones internacionales es una cuestión de ámbito internacional, su preparación ha de ser también motivo de interés para la comunidad internacional. El terrorismo fue el instrumento clave para asegurar la cohesión del pueblo alemán para la finalidad de la guerra. Además, estas crueldades en Alemania sirvieron como práctica de atrocidades para enseñarle a los miembros de la organización criminal que debían seguir el patrón más adelante en los países ocupados.

A través de los cuerpos de policía que comparecen acusados de ser organizaciones criminales, los líderes del Partido Nazi, ayudado en algún momento en sus propósitos básicos y destacados por todos los acusados, instauró un reinado de terror. Estas organizaciones de espionaje y policía fueron utilizadas para cazar a cualquier forma de oposición y penalizar toda disconformidad. Pronto estas organizaciones fundaron y administraron los campos de concentración- Buchenwald en 1933, Dachau en 1934. Pero estos nombres destacados no son los únicos. Los campos de concentración motearon el mapa de Alemania y fueron numerosos. Al principio se encontraron con la resistencia de algunos alemanes. Tenemos una carta capturada del Ministro de Justica Gurtner a Hitler que es reveladora. Un oficial de la Gestapo había sido procesado por crímenes cometidos en un campo en Hohenstein, y el Gobernador nazi de Sajonia había pedido inmediatamente que se anulara el proceso. El Ministro de justicia protestó en junio de 1935 porque, como dijo, "en este campo han ocurrido maltratos inusualmente graves a los prisioneros desde el verano de 1934. No sólo se azotaba a los prisioneros con látigos sin motivo, como en el campo de concentración de Bredow, cerca de Stettin, hasta que perdían la consciencia, sino que también eran torturados de otras formas, por ejemplo, con la ayuda de un aparato que goteaba construido exclusivamente para este fin, bajo el que los prisioneros tenían que permanecer hasta que sufrían heridas purulentas en el cuero cabelludo" (787-PS)

No dedicaré tiempo a detallar los espantosos procedimientos empleados en estos campos de concentración. Las palizas, el hambre, las torturas y los asesinatos eran rutinarios- tan rutinarios que los torturadores se volvieron descuidados e indiferentes. Tenemos un informe sobre el descubrimiento de que en Plotzensee una noche se ejecutó a 186 personas aunque se ordenó la ejecución de sólo 150. Otro informe describe cómo la familia de una víctima recibió dos urnas de cenizas por error. Se obligó a internos a ejecutar a otros internos. En 1942 se les pagaba cinco reichsmaks por ejecución, pero el 27 de junio de 1942 el General de las SS Glucke ordenó a los comandantes de todos los campos de concentración que redujeran sus honorarios a tres cigarrillos. En 1943, el Reichsführer de las SS y Jefe de la Policía Alemana ordenó que el castigo corporal a mujeres rusas fuera aplicado por mujeres polacas y viceversa, pero no se eliminó el premio. Se autorizó "como recompensa, unos pocos cigarrillos". Con los nazis, la vida humana se había devaluado progresivamente, hasta que finalmente se convirtió en algo que valía tan sólo un poco de tabaco- tabaco Ersatz. Hubo sin embargo algunas trazas de la esencia de la bondad humana. El 11 de agosto de 1942 Himmler envió una orden a los comandantes de catorce campos de concentración indicando que "sólo los prisioneros alemanes pueden golpear a otros prisioneros alemanes" (2189-PS)

El misterio y el suspense se sumaron a la crueldad para extender la tortura del interno a su familia y amigos. Hombres y mujeres desaparecían de sus hogares u oficinas o de las calles, y no se sabía nada de ellos. La falta de noticias no se debía a un personal saturado de trabajo, era la política seguida. El Jefe de la SD y la Sipo informó de que, de acuerdo con órdenes del Führer, se debía crear ansiedad en las mentes de la familia de la persona arrestada (668-PS). Las deportaciones y arrestos secretos eran denominados, con un ingenio nazi que resulta un tanto macabro, "Nacht und Nebel" (Noche y Niebla) (L,90, 833-PS)

Una de las muchas órdenes de estas acciones daba esta explicación: 

"El decreto incluye una innovación básica. El Führer y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas ordena que los crímenes de los tipos especificados cometidos por civiles de los territorios ocupados han de ser castigados por los consejos de guerra pertinentes en los territorios ocupados sólo cuando (a) la sentencia sea de pena de muerte, y (b) la sentencia se pronuncie no más allá de ocho días después del arresto. El Führer y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas considera que sólo cuando ambas condiciones se den se conseguirá que las acciones punitivas en los territorios ocupados produzcan el efecto disuasorio deseado. En el futuro, en otros casos, se ha de traer al acusado secretamente a Alemania, y el proceso continuará aquí. El efecto disuasorio de estas medidas se basa en: (a) permitir la desaparición del acusado sin dejar rastro; (b) que a partir de entonces no se proporcione ninguna clase de información sobre su localización y su suerte" (833-PS)

Para añadir burda crueldad, se recurrió a la ciencia. Los "indeseables" eran exterminados por medio de la inyección de drogas en la sangre, por asfixia en cámaras de gas. Se les disparaba con balas envenenadas para estudiar los efectos (L-103)

Entonces, a los experimentos crueles los nazis añadieron otros obscenos. No eran el trabajo de subordinados degenerados, sino de grandes mentes de alto rango en la conspiración nazi. El 20 de mayo de 1942, el Mariscal de Campo Milch autorizó al General de las SS Wolff a continuar en el campo de Dachau con los llamados "experimentos fríos"; y cuatro mujeres gitanas fueron seleccionadas para ello. Himmler dio permiso para realizar estos "experimentos" también en otros campos (1617-PS). En Dachau, los informes del "doctor" responsable de los experimentos muestran que las víctimas eran sumergidas en agua fría hasta que su temperatura corporal bajaba a 26 grados centígrados (8,24 grados Fahrenheit), momento en el que morían inmediatamente (1618-PS). Esto ocurrió en agosto de 1942. Pero la técnica del "doctor" mejoró. En febrero de 1942 pudo informar de que treinta personas fueron congeladas a entre 27 y 29 grados, con sus manos y pies blancos y helados, y "recalentados" con un baño caliente. Pero el triunfo científico nazi fue "recalentar con calor animal". La víctima, congelada mortalmente, era rodeada de los cuerpos de mujeres vivas hasta que revivía y respondía a su entorno manteniendo relaciones sexuales (1616-PS.) Aquí la degeneración nazi alcanzó su punto más bajo.

No me gusta llenar el acta con estos relatos morbosos, pero estamos realizando la cruel tarea de juzgar a hombres como criminales, y estas son las cosas que sus propios agentes dicen que ocurrieron. Les mostraremos esos campos de concentración en películas, tal y como los ejércitos Aliados los encontraron cuando llegaron, y las medidas que tuvo que adoptar el General Eisenhower para limpiarlos. Nuestras pruebas serán desagradables y ustedes dirán que no les voy a dejar dormir. Pero estas son las cosas que han revuelto el estómago del mundo y han hecho que cualquier persona civilizada actúe contra la Alemania nazi.

Alemania se convirtió en una vasta cámara de torturas. Los gritos de sus víctimas se oyeron por todo el mundo y estremecieron a las personas civilizadas de todo el mundo. Soy una de las personas que durante esta guerra recibió la mayoría de las historias sobre atrocidades con sospechas y escepticismo. Pero las pruebas son tan abrumadoras que me aventuro a predecir que nada de lo que he dicho será negado. Estos acusados sólo negarán su responsabilidad personal o su conocimiento.

Bajo las garras de la red más intricada de espionaje e intriga que haya creado ningún estado moderno, y con persecuciones y torturas de una clase que no se veía en el mundo desde hacía muchos siglos, los elementos de la población alemana que eran buenas personas y valientes fueron aniquilados. Los que eran buenas personas pero débiles fueron intimidados. La resistencia abierta, que nunca había sido nada más que débil y poco decidida, desapareció. Pero puedo decir felizmente que siempre existió resistencia, aunque se manifestó sólo en hechos como el fracasado intento de asesinar a Hitler el 20 de julio de 1944. Con la resistencia aplastada, los nazis tenían el Estado alemán en sus manos.

Pero los nazis no sólo silenciaron a las voces discordantes. Crearon controles positivos tan efectivos como los negativos. Los órganos de propaganda, en una escala nunca conocida, estimularon al partido y sus formaciones con un entusiasmo permanente y un desenfreno que nosotros, los demócratas, sólo podemos soportar durante unos pocos días antes de unas elecciones. Inculcaron y practicaron el Führerprinzip, que centralizaba el control del Partido y el Estado -controlado por el Partido- de las vidas y pensamiento del pueblo alemán, que está acostumbrado a mirar al Estado alemán, sin importar quién lo controle, con un misticismo incomprensible para mi pueblo.

Todos estos controles, desde su comienzo, fueron ejercidos con una energía y determinación sin parangón para poner a Alemania en pie de guerra. Mostraremos a partir de los propios documentos nazis su entrenamiento secreto de personal militar, su creación secreta de una fuerza aérea militar. Finalmente, se creó un ejército de reclutas. Financieros, economistas y empresarios de la industria se unieron al plan y promovieron elaboradas alteraciones en la industria y las finanzas para soportar una concentración sin precedentes de recursos y energías como preparativo para la guerra. El rearme de Alemania sobrepasó tanto a sus vecinos que en un año tenía fuerza como para aplastar toda la fuerza militar de la Europa continental, excluida Rusia, y empujar después a los ejércitos rusos hasta el Volga. Estos preparativos eran de una magnitud que sobrepasaba toda necesidad de defensa, y todos los acusados, y cualquier alemán inteligente, sabían bien que los fines eran agresivos.

Antes de lanzarse a una guerra de agresión abierta, los nazis llevaron a cabo algunos experimentos más bien cautelosos para poner a prueba el espíritu de resistencia de los que se cruzaban en su camino. Avanzaban sólo si otros retrocedían, y se mantenían en una posición en la que podían retirarse si se encontraban con un temperamento que hiciera peligrosa la insistencia.

El 7 de marzo de 1936 los nazis reocuparon Renania y procedieron a fortificarla, violando así el Tratado de Versalles y los Pactos de Lucerna. No se encontraron con ninguna resistencia sólida y se atrevieron a dar el siguiente paso, que era la adquisición de Austria. A pesar de dar repetidas garantías de que Alemania no tenía ningún plan referido a Austria, se preparó la invasión. La amenaza de ataque forzó la renuncia de Schuschnigg como Canciller de Austria, permitiendo así que el acusado nazi Seyss-Inquart ocupara su puesto. Éste abrió inmediatamente la frontera e invitó a Hitler a invadir Austria "para mantener el orden". El 12 de marzo comenzó la invasión. Al día siguiente, Hitler se proclamó a sí mismo Jefe del Estado Austriaco, se hizo con el mando de sus fuerzas armadas, y se emitió una ley que anexionaba Austria a Alemania.

Las amenazas de agresión habían triunfado sin que se planteara resistencia. Sin embargo, los miedos empezaron a agitarse. Fueron adormecidos con una garantía al Gobierno Checoslovaco de que no se atacaría el país. Demostraremos que el Gobierno Nazi ya disponía entonces de planes detallados del ataque. Presentaremos los documentos con los que esos conspiradores planearon crear un incidente para justificar su ataque. Incluso consideraron asesinar a su propio embajador en Praga para crear un incidente suficientemente grave. Precipitaron una crisis diplomática que empeoró a lo largo del verano. Hitler fijó el 30 de septiembre como el día en que las tropas debían estar listas para la acción. Bajo la amenaza de la guerra inmediata, el Reino Unido y Francia firmaron un pacto con Alemania e Italia en Munich el 29 de septiembre de 1938 que obligaba a Checoslovaquia a ceder los Sudetes a Alemania. Se consumó con la ocupación alemana el 1 de octubre de 1938.

El Tratado de Munich prometía que no habría más agresiones contra Checoslovaquia, pero la promesa nazi se hizo a la ligera y se olvidó rápidamente. El 15 de marzo de 1939, desafiando el propio Tratado de Munich, los nazis ocuparon Bohemia y Moravia, que constituían la mayor parte de Checoslovaquia aún no cedida a Alemania. De nuevo Occidente asistió horrorizado a los hechos, pero tenía pavor a la guerra, no veía más remedio que la guerra, y esperaba contra toda esperanza que la fiebre expansionista nazi hubiera terminado. Pero el mundo nazi se emborrachó de estos éxitos sin resistencia en alianza abierta con Mussolini y encubierta con Franco. Después, tras firmar una engañosa y dilatoria paz con Rusia, los conspiradores entraron en la fase final de su plan para una nueva guerra.

No haré más larga esta sección detallando los pasos que condujeron ala guerra de agresión que comenzó con la invasión de Polonia el 1 de septiembre de 1939. Esta historia será expuesta ante ustedes por la Delegación Británica a partir de documentos, incluidos los del propio Estado Mayor Alemán. Los planes habían sido elaborados mucho antes. Ya en 1935 Hitler nombró al acusado Schacht "Comisionado General para la Economía de Guerra" (2261-PS). Tenemos el diario del General Jodl (1780-PS); el "Plan Otto", la orden de Hitler de atacar Austria en caso de que los engaños fallaran (C-102); el "Plan Verde", que fue el diseño del ataque a Checoslovaquia (338-PS);el plan de la Guerra en Occidente (376-PS, 375-PS); la carta de Funk a Hitler del 25 de agosto de 1939 en la que detalla el largo camino de la preparación económica para la guerra (699-PS); la orden altamente secreta de movilización de Keitel para 1939-40 indicando los pasos a seguir durante un "periodo de tensión", como fue descrito, durante el que no se declararía públicamente "ningún 'estado de guerra' incluso aunque se adoptaran medidas de guerra abierta contra el enemigo". Esta última orden (1699- PS) está en nuestro poder a pesar de una orden secreta del 16 de marzo de 1945, cuando las tropas Aliadas avanzaban hacia el corazón de Alemania, de quemar estos planes. También tenemos la orden de Hitler del 18de diciembre de 1940 de la "Contingencia Barbarroja", su nombre en clave, estableciendo la estrategia del ataque a Rusia. El original de ese plan incluye las iniciales de los acusados Keitel y Jodl. Estaban planeando el ataque y planeándolo mucho antes de la declaración de guerra. Tenemos información detallada sobre el "Caso Blanco", el plan de ataque a Polonia (2327-PS). Ese ataque comenzó la guerra. El plan fue presentado por Keitel el 3 de abril de 1939. El ataque no tuvo lugar hasta septiembre. Los pasos preparatorios del ataque fueron dados por comandantes subordinados, uno de los cuales dio una orden el 14 de junio indicando que:

"El Comandante en Jefe de los Ejércitos ha ordenado la elaboración de un plan de acción contra Polonia que tenga en cuenta las demandas del liderazgo político de un comienzo de la guerra por sorpresa y de un éxito rápido... Declaro que es tarea de los Generales al Mando, los Comandantes de División y los Comandantes limitar lo más posible el número de personas que serán informadas y la amplitud de la información, y pido que se tomen todas las medidas adecuadas para evitar que personas ajenas obtengan información...

La operación, para poder contrarrestar una correcta movilización y concentración polacas, ha de iniciarse por sorpresa con fuerzas que sean en su mayor parte blindadas y motorizadas, puestas en alerta cerca de la frontera. La superioridad inicial sobre los guardafronteras polacos y la sorpresa que con certeza es de esperar se han de mantener desplazando rápidamente otras partes del ejército y contraatacando el avance del ejército polaco...

Si el desarrollo de la situación política hace que no se pueda lograr la sorpresa al comienzo de la guerra, debido a buenas preparaciones para la defensa por parte del Ejército Polaco, el Comandante en Jefe del Ejército ordenará la apertura de hostilidades tan sólo tras reunir suficientes fuerzas adicionales. La base de todos los preparativos será sorprender al enemigo..." (2327-PS)

También tenemos la orden de ataque a Inglaterra, de nuevo con las iniciales de Keitel y Jodl. Es interesante que comience reconociendo que, aunque la posición militar británica es "desesperada", no muestran ninguna señal de rendición (442-PS)

No menos incriminadoras son las actas de las reuniones de Hitler con sus más estrechos colaboradores.

Ya el 5 de noviembre de 1937 Hitler le dijo a los acusados Goering, Raeder y Neurath, entre otros, que el rearme alemán se había cumplido prácticamente y que había decidido asegurarse por la fuerza, comenzando con un ataque relámpago contra Checoslovaquia y Austria, un mayor espacio vital para los alemanes en Europa no más tarde de 1943-1945, y quizás ya en 1938 (368-PS). El 23 de mayo de 1939, el Führer dijo a su mando que:

"Es una cuestión de expandir nuestro espacio vital en el Este y asegurar nuestros suministros de alimentos por encima de la fertilidad natural, ya que la explotación alemana incrementará enormemente los excedentes.

Por tanto no hay ninguna duda en atacar Polonia, hemos tomado esta decisión: Atacar Polonia a la primera oportunidad.

No podemos esperar una repetición de la cuestión checa. Habrá guerra" (L-79)

El 22 de agosto de 1939, Hitler se dirigió de nuevo a miembros del Alto Mando, diciéndoles cuándo se ordenaría el comienzo de las operaciones militares. Reveló que con fines propagandísticos, provocaría una buena razón: "No supondrá ninguna diferencia", anunció, "el si esta razón sonará convincente o no. Después de todo, al vencedor no se le preguntará si decía la verdad o no. Tenemos que proceder brutalmente. El más fuerte siempre tiene la razón" (1014-PS). El 23 de noviembre de 1939, después de que los alemanes hubieran invadido Polonia, Hitler dio esta explicación: "Por primera vez en la Historia sólo tenemos que luchar en un frente. El otro frente está por el momento libre, pero nadie puede saber cuánto tiempo permanecerá así. He dudado durante mucho tiempo de si atacar en el Este y luego en el Oeste. Básicamente, no organicé las fuerzas armadas para que no atacaran. La decisión de atacar siempre fue mía. Quería resolver el problema tarde o temprano. Bajo presiones, se decidió que se atacaría primero el Este" (789-PS)

Conocemos las sangrientas consecuencias. Se provocaron incidentes fronterizos. Se hicieron demandas territoriales. Cuando Polonia rehusó, las fuerzas alemanas invadieron el 1 de septiembre de 1939. Se destruyó Varsovia; Polonia cayó. Los nazis, de acuerdo con sus planes, se movieron rápidamente para extender su agresión por Europa y hacerse con la ventaja de la sorpresa sobre sus vecinos no preparados. A pesar de repetidas garantías solemnes de intenciones pacíficas, invadieron Dinamarca y Noruega el 9 de abril de 1940; Bélgica, Holanda y Luxemburgo el 10 de mayo de 1940; Yugoslavia y Grecia el 6 de abril de 1941.

Como parte de la preparación nazi para la agresión contra Polonia y sus aliados, Alemania, el 23 de abril de 1939 había firmado un pacto de no agresión con la Rusia Soviética. Fue sólo un tratado dilatorio que Alemania tenía la intención de respetar sólo el tiempo necesario para preparar su violación. El 22 de junio de 1941, según planes largo tiempo madurados, los nazis lanzaron tropas sobre territorio soviético sin declaración de guerra. Toda Europa estaba en llamas.

Los planes nazis de agresión requerían el uso de aliados asiáticos, y los encontraron entre aquellos japoneses con los que compartían mentalidad y fines. Eran hermanos bajo la piel.

Himmler registró una conversación que tuvo el 31 de enero de 1939 con el General Oshima, embajador japonés en Berlín.

Además, (Oshima) había tenido éxito hasta ahora al enviar a diez rusos con bombas a través de la frontera caucásica. Estos rusos tenían como misión asesinar a Stalin. Otros cuantos rusos, a los que había también había enviado, habían sido fusilados en la frontera. (2195-PS)

El 27 de septiembre de 1940 los nazis firmaron una alianza militar y económica germano-italiano-japonesa de diez años por la que estas potencias acordaron "permanecer junto al resto y cooperar en sus esfuerzos en la Gran Asia Oriental y en las regiones de Europa respectivamente, donde es su principal fin establecer y mantener un nuevo orden".

El 5 de marzo de 1941 el acusado Keitel emitió una orden de alto secreto. Decía que "el Führer había ordenado instigar la participación activa de Japón en la guerra" y ordenaba que "el poder militar japonés ha de fortalecerse con la revelación de experiencias de guerra alemanas, y se ha de dar apoyo militar, económico y técnico". Se decía que el fin era aplastar a Inglaterra rápidamente, manteniendo así a Estados Unidos fuera de la guerra (C-75)

El 29 de marzo de 1941 Ribbentrop le dijo a Matsuoka, el Ministro de Exteriores japonés, que el ejército alemán estaba preparado para atacar a Rusia. Por su parte, Matsuoka volvió a asegurarle a Ribbentrop el cumplimiento de lo acordado en Extremo Oriente. Japón, informó, estaba actuando en ese momento como si no tuviera ningún interés en Singapur, pero "pretende atacar cuando llegue el momento adecuado" (1877-PS). En abril de 1941, Ribbentrop insistió a Matsuoka en la cuestión de la entrada de Japón en la guerra, que "aseguraría la victoria" y sería de más interés para Japón que para Alemania, dado que daría a Japón una oportunidad única de conseguir sus objetivos nacionales y jugar un papel de liderazgo en Extremo Oriente (1882-PS)

Las pruebas de este caso también demostrarán que los líderes de Alemania estaban planeando la guerra contra Estados Unidos desde el Atlántico, así como instigando a ella a su aliado del Pacífico. Un informe capturado del cuartel general de Führer, del 29 de octubre de 1940, pide cierta información sobre bases aéreas e informa además de que:

"En este momento el Führer está analizando la cuestión de la ocupación de las islas del Atlántico con la idea de la guerra contra América en una fecha posterior. Se enviarán las deliberaciones sobre el asunto" (376-PS)

El 7 de diciembre de 1941, un día que como dijo el difunto Presidente Roosevelt "permanecerá en la memoria de la infamia", la victoria de la agresión alemana parecía segura. La Wehrmacht estaba a las puertas de Moscú. Tomando ventaja de la situación, y mientras sus plenipotenciarios ponían en marcha una acción diplomática de distracción en Washington, Japón, sin declaración de guerra, atacó traicioneramente a Estados Unidos en Pearl Harbour y las Filipinas. Se sucedieron rápidamente ataques a la Commonwealth y a Holanda en el Pacífico Suroeste. Estas agresiones fueron respondidas de la única forma con la que se las podía responder, con instantáneas declaraciones de guerra y con resistencia armada que creció lentamente durante muchos meses de situaciones adversas hasta que finalmente el Eje fue aplastado y se logró liberar a sus víctimas.

Señoría, voy a comenzar con los "Crímenes en el Transcurso de la Batalla", que es una cuestión bastante distinta. Quedan cinco minutos para la hora del receso. Sería muy conveniente para mi si está de acuerdo.

EL PRESIDENTE: Reanudaremos la sesión en 15 minutos.

(Receso)

EL PRESIDENTE: El Tribunal ha de pedir que si se levanta la sesión durante quince minutos, los miembros de la defensa y demás personas estén en sus asientos tras quince minutos. Sr. Letrado Jackson, entiendo que desea continuar hasta las 5:15, momento en el que podrá concluir su discurso, ¿es así?

LETRADO JACKSON: Creo que será lo más adecuado.

EL PRESIDENTE: Sí, al Tribunal le gustará que sea así.

LETRADO JACKSON: Con la venia, Señoría, pasaré a la cuestión de los "Crímenes en el Transcurso de la Batalla".

4. CRÍMENES EN EL TRANSCURSO DE LA BATALLA

Incluso los pueblos más belicosos han reconocido en nombre de la humanidad algunas limitaciones al salvajismo de la guerra. Se han elaborado reglas a tal fin en convenciones internacionales de las que Alemania formaba parte. Estas leyes habían establecido ciertos límites al trato dado a los beligerantes. El enemigo tenía derecho a rendirse y a que se le diera cuartel y buen trato como prisionero de guerra. Demostraremos por medio de documentos alemanes que se negaron estos derechos, que se dio un trato brutal a los prisioneros de guerra y que con frecuencia fueron asesinados. Esto fue cierto en particular en el caso de pilotos capturados, con frecuencia compatriotas míos.

Se ordenó que se dejaría de dar a los pilotos ingleses y americanos el status de prisioneros de guerra. Serían tratados como criminales, y se ordenó al Ejército que evitara protegerles de ser linchados por el populacho (R-118). El Gobierno Nazi, a través de sus agencias de política y propaganda, tuvo dificultades para incitar a la población civil a atacar y asesinar a los pilotos que se estrellaban. La orden, dada por el Reichsführer de las SS, Himmler, decía que:

"No es tarea de la policía interferir en choques entre alemanes y pilotos ingleses y americanos que hayan saltado en paracaídas"

Esta orden fue transmitida el mismo día por el Obersturmbannführer de las SS Brandof, Mando del Personal de Himmler, a todos los Mandos de las SS y Oficiales de Policía, con estas indicaciones:

"Les envío la orden incluida aquí pidiendo que se informe al Jefe de la Policía Regular y de la Policía de Seguridad. Deben dar a conocer esta orden a sus oficiales subordinados verbalmente (R-110)".

De forma similar, mostraremos la orden de alto secreto de Hitler, del 18 de octubre de 1942, indicando que los Comandos, sin importar su condición, "fueran masacrados hasta el último hombre" tras su captura (498-PS). Mostraremos la circulación de órdenes secretas, una de ellas firmada por Hess, que debían transmitirse oralmente a los civiles, de que se arrestara o liquidara a los pilotos o paracaidistas enemigos (062-PS). De esta forma se incitaron y dirigieron los asesinatos.

Esta campaña nazi de tratamiento sin piedad de fuerzas enemigas alcanzó sus mayores proporciones en la lucha contra Rusia. Todos los prisioneros de guerra eran apartados del control del Ejército y puestos en manos de Himmler y las SS (058-PS). En el Este, la furia alemana se desbordó. Se ordenaba marcar a los prisioneros de guerra rusos. Se les mataba de hambre. Citaré párrafos de una carta escrita el 28 de febrero de 1942 por el acusado Rosenberg al acusado Keitel:

"La suerte de los prisioneros de guerra soviéticos en Alemania es, por el contrario, una tragedia de la mayor magnitud. De 3,600.000 prisioneros de guerra, sólo unos centenares de miles siguen siendo capaces de trabajar a pleno rendimiento. Una gran parte de ellos ha pasado hambre, o ha muerto debido a las inclemencias del tiempo. Miles han muerto también por enfermedades.

Los comandantes de campo han prohibido a la población civil poner comida a disposición de los prisioneros, y más bien les están dejando morir de hambre.

En muchos casos, cuando los prisioneros de guerra ya no pueden seguir la marcha por el hambre y el cansancio, se les dispara ante los ojos de la horrorizada población, y se abandonan los cuerpos.

En numerosos campos no se proporciona refugio a los prisioneros de guerra.

Duermen al raso cuando llueve o nieva. Ni siquiera se dieron herramientas para cavar hoyos o cuevas.

Finalmente, hay que mencionar los fusilamientos de prisioneros de guerra; por ejemplo, en varios campos se fusiló a todos los 'asiáticos' " (081-PS)

Las costumbres civilizadas y las convenciones, de las que Alemania formaba parte, habían establecido ciertas inmunidades para la población civil que sufriera la desgracia de vivir en tierras ocupadas por ejércitos hostiles. Las fuerzas de ocupación alemanas, controladas o dirigidas por hombres que están siendo juzgados ante ustedes, cometieron una larga serie de desmanes contra los habitantes de territorio ocupado que serían increíbles de no ser por las órdenes e informes capturados que muestran la obediencia con la que se ejecutaron esas órdenes.

Trataremos aquí una fase de criminalidad común diseñada por los conspiradores como parte del Plan Común. Podremos apreciar por qué estos crímenes contra sus enemigos europeos no fueron casuales, sino que fueron crímenes planeados y organizados, cuando lleguemos a su razón de ser. Hitler le dijo a sus oficiales el 22 de agosto de 1939 que "el objetivo principal en Polonia es la destrucción del enemigo y no el alcanzar cierta línea geográfica" (1014-PS). Esas palabras son una cita. El proyecto de deportar a la juventud prometedora de los territorios ocupados fue aprobado por Rosenbeg según la teoría de que "se logrará un deseado debilitamiento de la fuerza biológica del pueblo conquistado" (03I-PS). Germanizar o destruir, ése era el programa. Himmler dijo: "O nos ganamos a cualquier buena sangre que podamos utilizar para nosotros y les hacemos un lugar entre nuestro pueblo, o caballeros, -puede que consideren que esto es cruel, pero la naturaleza es cruel- destruiremos esa sangre". En cuanto a los "buenos tipos raciales", Himmler añadió: "así, creo que es nuestra misión llevarnos a sus hijos, apartarlos de su entorno, si es necesario, secuestrándolos o robándolos" (L-90). Solicitó con apremio la deportación de niños eslavos para librarse de enemigos potenciales de futuros soldados.

El propósito de los nazis era dejar a los enemigos de Alemania en tal estado de debilidad que incluso perdiendo Alemania la guerra, siguiera siendo todavía la nación más poderosa de Europa. En este contexto debemos considerar el plan de la guerra sin cuartel, que implica un plan para la comisión de Crímenes de Guerra y Crímenes contra la Humanidad.

Se capturó y asesinó a rehenes en gran número. Se infligieron castigos en masa, tan salvajes que se extinguieron comunidades enteras. Se comunicó a Rosenberg la aniquilación de tres pueblos no identificados en Eslovaquia. En mayo de 1943, se ordenó borrar del mapa otro pueblo de unas 40 granjas y 220 habitantes. Se ordenó fusilar a toda la población, hacerse con todo el ganado y propiedades, y que se destruyera "totalmente el pueblo por medio del fuego". Un informe secreto del Ministerio para el Territorio del Este de Rosenberg, del que era responsable, revela que:

"Las raciones de alimento que se conceden a la población rusa son tan bajas que no pueden asegurar su existencia y sólo proporcionan una subsistencia mínima de duración limitada. La población no sabe si seguirá viva. Se enfrentan a la muerte por hambre.

Las carreteras están llenas de cientos de miles de personas, a veces hasta un millón según la estimación de expertos, que vagan en busca de alimento.

La acción de Sauckel ha causado gran malestar entre los civiles. Chicas rusas fueron despiojadas por hombres, se hicieron fotos de desnudos en poses forzadas, se encerró a doctoras en vagones de carga para el disfrute de los comandantes del transporte, se llevó encadenadas a mujeres en camisón de las ciudades a las estaciones de tren, etc. Todo este material ha sido enviado a la OKH".

Quizás la deportación a campos de trabajo en régimen de esclavitud fue la operación de esclavismo más horrible y extensa de la Historia. En pocas cuestiones tenemos pruebas tan abundantes e inculpatorias. En un discurso del 25 de enero de 1944 el acusado Frank, Gobernador General de Polonia, alardeó de lo siguiente: "He enviado 1,200.000 trabajadores polacos al Reich". El acusado Sauckel informó de que "de los cinco millones de trabajadores extranjeros que llegaron a Alemania, como mucho 200.000 vinieron voluntariamente". Se informó de este hecho al Führer y a los acusados Speer, Goering y Keitel (R-124). Se utilizó también a niños de entre 10 y 14 años a través de una orden transmitida por telégrafo por el Ministerio para los Territorios Ocupados del Este, de Rosenberg:

"Se encarga además al Mando la transferencia de la juventud rusa apta de entre 10 y 14 años de edad al Reich. La autoridad no se ve afectada por los cambios relacionados con la evacuación y transporte a los campos de recepción de Bialystok, Krajewo, y Olitei, el Führer incluso desea que esta actividad se incremente aún más". (200-PS)

Cuando no se disponía de suficientes trabajadores, se hacía trabajar a los prisioneros de guerra, en flagrante violación de convenciones internacionales (016-PS). Se trajeron trabajadores esclavos de Francia, Bélgica, Holanda, Italia y el Este. Los métodos de reclutamiento eran violentos (R-124, 018-PS, 204-PS). El trato dado a estos trabajadores esclavos fue definido en términos generales, no difíciles de traducir en privaciones concretas, en una carta al acusado Rosenberg del acusado Sauckel, que decía:

"Todos los prisioneros de guerra, tanto de los territorios del Oeste como de los del Este, ahora en Alemania, deben incorporarse completamente a las industrias alemanas de armamento y munición. Se ha de llevar su producción al nivel más alto posible.

El empleo completo de prisioneros de guerra, así como el uso de un número gigantesco de nuevos trabajadores civiles, hombres y mujeres, se ha convertido en una necesidad indiscutible para la solución de la movilización del programa de trabajo en esta guerra.

Se ha de alimentar, proporcionar alojamiento y tratar a todos los hombres de tal forma que se les explote lo más posible con el gasto más bajo concebible" (016-PS)

Siguiendo el plan nazi de reducir permanente el nivel de vida de sus vecinos y debilitarles física y económicamente, se cometió una larga serie de crímenes. Hubo una gran destrucción, sin fines militares, de propiedades de civiles. Se abrieron diques en Holanda casi al final de la guerra no para lograr objetivos militares, sino para destruir los recursos y dañar la economía de los ahorradores holandeses.

Se hizo un trasvase económico cuidadosamente planificado de los bienes de los países ocupados. Un ejemplo del plan se ve en un informe sobre Francia del 7 de diciembre de 1942, elaborado por el Departamento de Investigación Económica del Reichsbank. Surgió la cuestión de si los costes de la ocupación francesa debían incrementarse de 15 millones de Reichsmarks por día a 25 millones. El Reichsbank analizó la economía francesa para determinar si podría soportar la carga. Señaló que el armisticio había hecho que Francia entregara hasta la fecha 18.250,000.000 Reichsmarks, equivalentes a 370 mil millones de francos. Indicó que la carga de esos pagos en dos años y medio equivalía a los ingresos totales nacionales de Francia en 1940, y que la cantidad de pagos hechos a Alemania en los primeros seis meses de 1942 se correspondía con la estimación de ingresos totales de Francia para todo el año. El informe concluía: "en cualquier caso, la conclusión inevitable es que se han impuesto tributos relativamente mayores a Francia desde el armisticio de junio de 1940 que a Alemania tras la Primera Guerra Mundial. Teniendo esto en cuenta, se ha de señalar que la potencia económica de Francia nunca igualó la del Reich Alemán, y que la Francia vencida no ha podido recurrir a la economía y recursos financieros internacionales en el mismo grado que Alemania tras la Primera Guerra Mundial".

El acusado Funk fue Ministro de Economía del Reich y Presidente del Reichsbank; el acusado Ribbentrop fue Ministro de Exteriores; el acusado Goering fue Plenipotenciario del Plan de Cuatro Años; todos ellos participaron en el intercambio de opiniones del que este documento capturado es una parte (2149-PS). Sin importar este análisis del Reichsbank, procedieron a incrementar la carga impositiva a Francia de 15 millones de Reichsmarks al día a 25 millones.

No es sorprendente que se hundiera la economía francesa. El objetivo y finalidad de la cuestión aparece ya el 14 de septiembre de 1940 en una carta del General Stupnagel, jefe de la Comisión Alemana del Armisticio, al acusado Jodl, cuando escribió: "realmente, el lema 'Debilitación sistemática de Francia' ya ha sido conseguido de lejos".

No sólo había intención de debilitar y desmoralizar la economía de los vecinos de Alemania con el fin de destruir su competitividad, sino que además hubo saqueos y robos en una escala sin precedentes. No es necesario ser hipócritas en la cuestión del saqueo. Reconozco que ningún ejército atraviesa territorio ocupado sin que haya algún robo. Normalmente, la cantidad de robos se incrementa a medida que se debilita la disciplina. Si las pruebas en este caso demostraran que no hubo más saqueo que los de esta clase, ciertamente no incluiría este cargo en la acusación.

Pero demostraremos que el saqueo no se debió a la falta de disciplina o a las típicas debilidades del carácter humano. Los alemanes organizaron el expolio, lo planearon, lo controlaron y lo hicieron oficial de la misma forma que organizaron todo lo demás, y después elaboraron informes de lo más meticulosos para demostrar que habían hecho el mejor trabajo posible de saqueo bajo las circunstancias existentes. Y tenemos esos informes.

El acusado Rosenberg fue puesto al frente de un expolio sistemático de los objetos de arte de Europa por orden directa de Hitler del 29 de enero de 1940 (136-PS). El 16 de abril de 1943, Rosenberg informó de que hasta el 7 de abril se habían enviado noventa y dos vagones con 2.775 cajas conteniendo objetos de arte a Alemania; y que se habían enviado directamente cincuenta y tres piezas a Hitler, y 594 al acusado Goering (015-PS). El informe mencionaba unas 20.000 piezas de arte robadas y los principales lugares donde se almacenaban.

Es más, este saqueo fue glorificado por Rosenberg. Aquí tenemos treinta y nueve volúmenes encuadernados en piel, llenos de tablas, de su inventario, que presentaremos como prueba a su debido tiempo. No se puede evitar admirar el arte de este informe de Rosenberg. El gusto nazi era cosmopolita. De los 9.455 artículos inventariados, había 5.255 pinturas, 297 esculturas, 1.372 piezas de mobiliario antiguo, 307 tejidos y 2.224 pequeños objetos de arte. Rosenberg observó que todavía estaban por inventariar aproximadamente otros 10.000 objetos (015-PS). El propio Rosenberg estimaba que el valor de los objetos ascendía a mil millones de dólares (090- PS)

No daré más detalles sobre los Crímenes de Guerra y Crímenes contra la Humanidad cometidos por los gangsters nazis cuyos líderes están ante ustedes. No es mi propósito en este caso analizar los crímenes individuales. Estoy tratando el Plan Común o diseño de crímenes y no entraré en casos particulares. Mi tarea es mostrar la escala en la que se cometieron esos crímenes, y demostrar que estos son los hombres que estaban en puestos de responsabilidad y que concibieron el plan y diseño por el que han de responder, sin importar el hecho de que el plan fuera en realidad ejecutado por otros.

En general, estas insensatas e ilegales acciones provocaron la ira del mundo. Se recobró de la desmoralización producida por el ataque por sorpresa, reunió sus fuerzas y detuvo los pasos de estos hombres. Una vez que les abandonó el éxito, los satélites nazis cayeron uno tras otro. El César de Serrín se vino abajo. Se alzaron fuerzas de resistencia en todos los países ocupados para hostigar al invasor. Incluso en casa, los alemanes vieron que Alemania estaba siendo conducida a la ruina por esos locos, y el intento del 20 de julio de 1944 de asesinar a Hitler, un intento llevado a cabo por hombres de elevada posición, fue un esfuerzo desesperado por parte de fuerzas internas de Alemania para atajar la ruina. Hubo conflictos entre los conspiradores en su caída, y el declive del poder nazi fue mucho más rápido que su ascenso. Las fuerzas armadas alemanas se rindieron, su gobierno se desintegró, sus líderes se suicidaron por docenas, y por la suerte de la guerra, estos acusados cayeron en nuestras manos. Aunque no son, de ninguna manera, los únicos culpables, son los supervivientes de los más responsables. Sus nombres aparecen una y otra vez en los documentos y sus rostros aparecen en las pruebas fotográficas. Tenemos aquí a los supervivientes de los políticos, militares, financieros, diplomáticos, administradores y propagandistas de más alto nivel del movimiento nazi. ¿Quién fue responsable de estos crímenes si no ellos?

El final de la guerra y la captura de estos prisioneros le planteó a los victoriosos Aliados la cuestión de si el personal de alto rango tenía alguna responsabilidad legal de los hechos que he descrito. ¿Que había que hacer con aquellos males, ignorarlos o resarcirlos con sangre? ¿No hay ninguna norma en la ley para juzgar libre y razonadamente dicha conducta?

El Estatuto de este Tribunal prueba una fe en que la ley no sólo sirve para gobernar la conducta de los hombres de poca importancia, sino que incluso los gobernantes están, como dijo el Lord Presidente del Tribunal Supremo de Gran Bretaña Coke al rey Jaime. "bajo Dios y la ley". Estados Unidos consideraba que la ley ha proporcionado ejemplos suficientes a través de los que llevar a cabo un juicio que asegure que se castigue sólo a los hombres correctos y por las razones adecuadas. Siguiendo las instrucciones del difunto Presidente Roosevelt y la decisión de la Conferencia de Yalta, el Presidente Truman encargó a congresistas de Estados Unidos que formularan una propuesta de Acuerdo Internacional, que se presentó durante la Conferencia de San Francisco a los Ministros de Exteriores del Reino Unido, la Unión Soviética y el Gobierno Provisional de Francia. Con muchas modificaciones, esa propuesta se ha convertido en el Estatuto de este Tribunal.

Pero el Acuerdo que estableció las normas por las que estos prisioneros han de ser juzgados no expresa sólo los puntos de vista de las naciones firmantes. Otras naciones con sistemas judiciales distintos pero altamente respetados también han expresado su adhesión. Son Bélgica, Holanda, Dinamarca, Noruega, Checoslovaquia, Luxemburgo, Polonia, Grecia, Yugoslavia, Etiopía, Australia, Haití, Honduras, Panamá, Nueva Zelanda, Venezuela e India. Se juzgará, por tanto, por medio de un actuación coordinada que representa el sentido de justicia y la voluntad de veintiún gobiernos que representan una abrumadora mayoría de los pueblos civilizados.

El Estatuto por el que este Tribunal existe incluye ciertos conceptos legales que son inseparables de su jurisdicción y que deben gobernar su decisión. Son, como he dicho, también condiciones que han de garantizar a los acusados que sean escuchados. La validez de lo previsto en el Estatuto es definitiva para todos nosotros, sea que hayamos aceptado la tarea de juzgar o la de acusar, así como para los acusados, que no pueden ampararse en ninguna otra ley que les dé derecho a ser escuchados. Mis experimentados y capacitados colegas creen, como yo, que contribuiré a la agilidad y claridad de este juicio si expongo brevemente la aplicación de la filosofía legal del Estatuto a los hechos que he citado.

Aunque esta declaración del Estatuto como ley es definitiva, puede alegarse que los prisioneros juzgados tienen derecho a que se les aplique de la forma más caritativa. Se puede decir que es una ley nueva, no declarada con autoridad en el momento en el que cometieron los actos que la ley condena, y que esta declaración de ley les ha cogido por sorpresa.

No puedo, por supuesto, negar que estos hombres estén sorprendidos de que esta es la ley; realmente están sorprendidos de que haya alguna ley. Estos acusados no se basaron en ninguna ley en absoluto. Su programa ignoró y desafió toda ley. El que esto es así quedará demostrado en muchos actos y declaraciones, de los que cito unos pocos. En el discurso del Führer a todos los comandantes militares del 23 de noviembre de 1939, les recordó que en aquel momento Alemania tenía un pacto con Rusia, pero declaró: "los acuerdos sólo han de mantenerse mientras sirvan a algún fin". Más adelante, en ese mismo discurso, anunció: "no tendrá ninguna importancia una violación de la neutralidad de Holanda y Bélgica" (789-PS). Un documento de alto secreto, titulado "La Guerra como Problema de Organización", enviado por el Jefe del Alto Mando a todos los Comandantes el 19 de abril de 1938, declaró que "ha de considerarse la aplicación de las reglas de la guerra habituales hacia neutrales en base a si la puesta en práctica de esas reglas creará mayores ventajas o desventajas a los contendientes" (L-211). Y de los archivos del Mando de la Marina Alemana tenemos un "memorándum sobre la Guerra Naval Intensificada", del 15 de octubre de 1939, que empieza expresando un deseo de ajustarse a las Leyes Internacionales. "Sin embargo", continúa, "si se esperan éxitos decisivos de cualquier medida considerada como necesidad de guerra, se ha de llevar a cabo incluso aunque no se ajuste a la Ley Internacional" (L-184). La Ley Internacional, la Ley Natural, la Ley Alemana, cualquier ley era para estos hombres tan sólo un instrumento de propaganda que se podía invocar cuando era de ayuda, e ignorar cuando condenaba lo que querían hacer. El que los hombres puedan protegerse basándose en la ley existente en el momento en el que actúan es la razón por la que consideramos que las leyes retroactivas son injustas. Pero estos hombres no pueden acudir a la razón por la que en algunos sistemas de jurisprudencia se prohíben las leyes ex post facto. No pueden demostrar que respetaron la Ley Internacional de ninguna forma o que siquiera le prestaron la más mínima atención.

El Tercer Cargo de la Acusación se basa en la definición de Crímenes de Guerra contenida en el Estatuto. He destacado el curso sistemático de acción contra población civil y fuerzas combatientes que viola convenciones internacionales de las que Alemania formaba parte. Los acusados tenían como mínimo, como demostraremos, conocimiento de la naturaleza criminal de estos actos. Por tanto, dedicaron grandes esfuerzos a ocultar sus violaciones. Se verá que los acusados Keitel y Jodl fueron informados por asesores legales oficiales de que las órdenes de marcar a prisioneros de guerra rusos, encadenar a prisioneros de guerra británicos y ejecutar a comandos prisioneros eran claras violaciones de la Ley Internacional. Sin embargo, se ejecutaron esas órdenes. Lo mismo se aplica a las órdenes dadas para asesinar al General Giraud y el General Weygand, que no se llevaron a cabo sólo gracias a una treta del Almirante Canaris, que fue más tarde ejecutado por su participación en el complot para asesinar a Hitler el 20 de julio de 1944.

El Cuarto Cargo de la Acusación se basa en Crímenes contra la Humanidad. Entre éstos destacan asesinatos masivos de incontables seres humanos a sangre fría. ¿Le sorprende a estos hombre que se considere el asesinato un crimen?

Los Cargos Primero y Segundo de la Acusación suman a estos crímenes el crimen que constituye la planificación y provocación de guerras en violación de nueve tratados de los que Alemania era parte. Hubo un tiempo, de hecho, creo, el tiempo de la Primera Guerra Mundial, en el que no se podría haber dicho que la incitación a la guerra o la guerra era un crimen según la ley, por muy moralmente censurable que fuera.

Por supuesto, era, según la ley de todos los pueblos civilizados, un crimen que un hombre ataque a otro con sus manos desnudas. ¿Cómo puede ser que si se multiplica ese crimen por un millón y se añaden armas de fuego a las manos desnudas, se convierta en un acto legalmente inocente? La doctrina era que no se podía considerar a alguien un criminal por cometer los típicos actos violentos en el transcurso de una guerra legítima. La edad de la expansión imperialista durante los siglos XVIII y XIX añadió la abyecta doctrina, contraria a las enseñanzas de los primeros sabios cristianos y los estudiosos de la Ley Internacional como Grocio, de que todas las guerras han de ser consideradas legítimas. La suma de estas dos doctrinas le dio a la provocación de una guerra una inmunidad completa frente a la ley.

Esto era intolerable en una edad que se llamó a sí misma civilizada. La gente corriente, con su terrenal sentido común, se rebeló contra esas ficciones y legalismos tan contrarios a los principios éticos y demandaron controles a las inmunidades de la guerra. Hombres de estado y juristas internacionales respondieron en primer lugar cautelosamente adoptando normas diseñadas para hacer la guerra más civilizada. La intención era fijar límites legales a la violencia que se podía ejercer tanto sobre población civil como sobre los combatientes.

El sentido común de los hombres tras la Primera Guerra Mundial demandaba, sin embargo, que la condena legal de la guerra llegara más lejos, y que la ley condenara no sólo las formas incivilizadas de llevar a cabo una guerra, sino también la provocación de cualquier manera de guerras incivilizadas- guerras de agresión. Los hombres de estado del mundo de nuevo sólo fueron tan lejos como se les forzó. Sus esfuerzos fueron tímidos y cautelosos y con frecuencia menos explícitos de lo que habría sido de esperar. Pero los años '20 hicieron ilegal la guerra de agresión.

Se pueden seguir claramente los pasos que llevaron al restablecimiento del principio de que hay guerras injustas y de que las guerras injustas son ilegales. Uno de los más significativos fue el Pacto Briand-Kellogg de 1928, por el que Alemania, Italia y Japón, junto a casi todas las naciones del mundo, renunciaron a la guerra como una política nacional clave, se comprometieron a buscar la resolución de disputas sólo por medios pacíficos, y condenaron el recurrir a la guerra para solucionar controversias internacionales. Este pacto alteró el status legal de una guerra de agresión. Como dijo el Sr. Stimson, Secretario de Estado de Estados Unidos en 1932, una guerra así "ya no es fuente ni objeto de derechos. Ya no es el principio alrededor del cual giran los deberes, conductas y derechos de las naciones. Es ilegal... Con ello hemos dejado obsoletos muchos precedentes legales y le hemos dado a los juristas la tarea de examinar muchos de sus códigos y tratados".

La Convención de Ginebra de 1924 para el Arreglo Pacífico de Disputas Internacionales, firmada por los representantes de cuarenta y ocho gobiernos, declaró que "una guerra de agresión constituye un crimen internacional". La Octava Asamblea de la Liga de Naciones de 1927, según resolución unánime de los representantes de cuarenta y ocho naciones miembros, incluida Alemania, declaró que una guerra de agresión es un crimen internacional. En la Sexta Conferencia Panamericana de 1928, las veintiuna repúblicas americanas adoptaron unánimemente una resolución que decía que "la guerra de agresión constituye un crimen internacional contra la especie humana".

Un error de estos nazis al prestar atención o comprender la fuerza y significado de esta evolución en el pensamiento legal del mundo no es una defensa o un atenuante. En todo caso, agrava su delito y hace más obligatorio que la ley que han ignorado sea invocada actuando jurídicamente contra su conducta ilegal. Además, según sus propias leyes este principio tendría que haber sido respetado por los acusados, si es que respetaron alguna ley. El Artículo 4 de la Constitución de Weimar decía que "las reglas generalmente aceptadas de la Ley Internacional han de ser consideradas como partes integrales y vinculantes de la ley del Reich Alemán" (2050-PS). ¿No era la ilegalidad de la guerra de agresión una de las "reglas generalmente aceptadas de la Ley Internacional" en 1939?

Recurrir de cualquier forma a la guerra -a cualquier clase de guerra- es un recurso a medios que son inherentemente criminales. La guerra es inevitablemente una sucesión de muertes, asaltos, privaciones de libertad y destrucción de propiedad. Una honesta guerra defensiva es, por supuesto, legal y evita que se pueda considerar criminales a quienes la lleven a cabo dentro de la ley. Pero no se pueden defender actos de por sí criminales demostrando que quienes los cometieron estaban en guerra cuando la guerra en sí es ilegal. La consecuencia legal mínima de los tratados que convierten en ilegal la guerra de agresión es apartar a los que la incitan o ejecutan de toda defensa que pudiera dar la ley, y hace que los provocadores de la guerra queden sujetos a acción judicial bajo los principios generalmente aceptados del Código Penal.

Pero si se pensara que el Estatuto, cuyas declaraciones reconocemos que nos vinculan a todos, contiene legislación nueva, aún no me retractaría de pedir su aplicación estricta por parte de este Tribunal. El imperio de la ley en el mundo, desobedecido por la ilegalidad incitada por estos acusados, tuvo que ser restaurado al coste por parte de mi país de alrededor de un millón de víctimas, por no mencionar las de otras naciones. No puedo apoyar el razonamiento perverso según el cual la sociedad puede avanzar y reforzar el imperio de la ley por medio del gasto de vidas moralmente inocentes, mientras que el progreso de la ley no puede hacerse al precio de vidas moralmente culpables.

Es verdad, por supuesto, que no tenemos precedente judicial del Estatuto. Pero la Ley Internacional es más que una recopilación hecha por estudiosos de principios abstractos e inmutables. Es un producto de tratados y acuerdos entre naciones y de costumbres aceptadas. Pero cada costumbre tiene su origen en algún acto único, y todo acuerdo ha de ser iniciado por la acción de algún Estado. A no ser que estemos dispuestos a abandonar cualquier principio de desarrollo de la Ley Internacional, no podemos negar que nuestra época tiene derecho a instituir costumbres y elaborar acuerdos que por sí mismos serán fuentes de una Ley Internacional más moderna y fuerte. La Ley Internacional no es capaz de desarrollarse por medio de los procesos normales de la legislación, ya que no hay una autoridad legislativa internacional permanente. Las innovaciones y revisiones de la Ley Internacional tienen lugar por la acción de gobiernos como los que he citado, diseñados para enfrentarse a un cambio en las circunstancias. Crece, como lo hizo la Ley Común, a través de decisiones tomadas de cuando en cuando al adaptar principios establecidos a nuevas situaciones. El hecho es que cuando la ley evoluciona por el método del caso, como lo hizo la Ley Común, y como ha de hacerlo la Ley Internacional si ha de avanzar, avanza a costa de aquellos que adivinaron erróneamente cómo sería la ley y descubrieron su error demasiado tarde. La ley, en la medida en que se puede decretar la Ley Internacional, se ha pronunciado claramente cuando han tenido lugar hechos así. Así pues, no nos molesta la falta de precedente judicial de la investigación que se ha propuesto llevar a cabo.

Los hechos que he citado anteriormente entran claramente en la norma de los crímenes expuestos en el Estatuto, y este Tribunal ha sido creado para juzgar a sus perpetradores y castigarles como es debido. Los rasgos típicos de los Crímenes de Guerra y los Crímenes contra la Humanidad son demasiado familiares como para necesitar comentario. Hay, sin embargo, ciertos problemas nuevos al aplicar otros preceptos del Estatuto sobre los que he de llamar la atención.

Un principio básico del Estatuto es que planear, preparar, iniciar o lanzar una guerra de agresión, o una guerra que viole tratados, acuerdos y garantías internacionales, o conspirar o participar en un plan común para hacerlo, es un crimen.

Es quizás una debilidad de este Estatuto el que no logre definir una guerra de agresión. En abstracto, la cuestión está llena de dificultades y puede aparecer toda clase de molestos casos hipotéticos. Es un asunto tal que, si se permitiera a la defensa salirse del muy limitado cargo de la Acusación, prolongaría el juicio y metería al Tribunal en cuestiones políticas irresolubles. Pero mientras la cuestión se ajuste adecuadamente a este caso, la cuestión no es ninguna novedad y es una cuestión sobre la que la opinión legal ha cristalizado bien.

Una de las fuentes de mayor autoridad de Ley Internacional en este punto es la Convención para la Definición de Agresión firmada en Londres el 3 de julio de 1933 por Rumania, Estonia, Letonia, Polonia, la Unión Soviética, Persia y Afganistán. El asunto ha sido tratado también por comités internacionales y por analistas cuyas opiniones se merecen el mayor de los respetos. Se ha discutido poco antes de la Primera Guerra Mundial, pero ha recibido mucha atención a medida que la Ley Internacional ha evolucionado en su ilegalización de la guerra de agresión. A la luz de este material procedente de la Ley Internacional, y en la medida en que es relevante para las pruebas de este caso, sugiero que un "agresor" es en general aquel estado que es el primero que comete cualquiera de las siguientes acciones:

(1) Declaración de guerra a otro Estado;

(2) Invasión con sus fuerzas armadas, con o sin declaración de guerra, del territorio de otro Estado;

(3) Ataque de sus fuerzas terrestres, navales o aéreas, con o sin declaración de guerra, al territorio, naves o aviones de otro Estado; y

(4) Apoyo a bandas armadas creadas en el territorio de otro Estado, o rechazo, a pesar de la petición del Estado invadido, de adoptar en su territorio todas las medidas que estén en su mano para privar a esas bandas de toda ayuda o protección.

Y sugiero además que en general se sostiene que ninguna consideración política, militar, económica o de otro tipo puede servir como excusa o justificación de dichas acciones, salvo el ejercicio del derecho a la legítima defensa- es decir, la resistencia a un acto de agresión, o la acción para ayudar a un Estado que es objeto de una agresión, no pueden considerarse guerras de agresión.

Nuestras pruebas de una conspiración para provocar y llevar a cabo una guerra de agresión se han preparado y presentado bajo esta visión de la ley. Así, todas y cada una de las series de guerras comenzadas por estos líderes nazis fueron agresivas sin ambages.

Es importante para la duración y alcance de este juicio que tengamos presente la diferencia entre nuestra acusación de que esta guerra fue de agresión y la opinión de que Alemania no sufría ningún agravio. No estamos investigando las condiciones que contribuyeron a causar esta guerra. Es la Historia la que ha de analizarlas. No es parte de nuestra tarea defender el status quo de Europa en 1933, o el de cualquier otra fecha. Estados Unidos no desea discutir las complicadas tendencias de la política europea anterior a la guerra, y espera que este juicio no se prolongue por tenerlas en cuenta. Las casualidades remotas alegadas son demasiado poco sinceras e incoherentes, demasiado complicadas y doctrinarias para ser objeto de una investigación provechosa en este juicio. Un ejemplo típico es el lema del "Lebensraum", que resumía la teoría de que Alemania necesitaba más espacio vital como justificación de su expansión. Al mismo tiempo que los nazis demandaban más espacio para el pueblo alemán, pedían que más alemanes ocuparan espacio. Se utilizó cualquier medio que pudiera incrementar la tasa de natalidad, legítimo e ilegítimo. El "Lebensraum" fue un círculo vicioso de petición a los vecinos de más espacio, y a los alemanes de más hijos. No necesitamos investigar la veracidad de doctrinas que llevaron a círculos de agresión en constante expansión. Es el complot y el acto de agresión lo que consideramos que son crímenes.

Nuestro punto de vista es que sin importar los agravios que pueda sufrir una nación, por objetable que considere el estado de las cosas, la guerra de agresión no es un medio legal para resolver esos agravios o alterar esas condiciones. Puede ser que la Alemania de los años '20 y '30 se enfrentara a problemas desesperados, problemas que habrían justificado las medidas más atrevidas, excepto la guerra. Todos los otros métodos -la persuasión, la propaganda, la competición económica, la diplomacia- eran posibles para un país agraviado, pero la guerra de agresión era ilegal. Estos acusados provocaron una guerra de agresión, una guerra en contra de tratados. Atacaron e invadieron a sus vecinos para llevar a cabo una política exterior que sabían que no se podría cumplir por medios distintos a la guerra. Y de esto es de lo que les acusamos y lo que nos proponemos investigar.

El Estatuto también reconoce la responsabilidad individual de los que cometen actos definidos como crímenes, o que incitan a otros a cometerlos, o que se unen a un plan común con otras personas, grupos u organizaciones para cometerlos.

El principio de responsabilidad individual por piratería y bandolerismo, que han sido reconocidos largamente como crímenes castigables por la Ley Internacional, es antiguo y está bien establecido. Eso es la guerra ilegal. Este principio de responsabilidad personal es necesario y lógico si la Ley Internacional pretende ayudar realmente al mantenimiento de la paz. Una Ley Internacional que opere sólo sobre Estados sólo puede ejercerse por medio de la guerra, porque el método más factible de coartar a un Estado es la guerra. Los que conozcan la Historia de Estados Unidos sabrán que una de las razones imperiosas para adoptar nuestra Constitución fue que las leyes de la Confederación, que tenían validez sólo en Estados miembros, resultaron poco efectivas para mantener el orden entre ellos. La única respuesta a la obstinación era la impotencia o la guerra. Sólo se pueden aplicar pacíficamente y con efectividad los castigos que alcancen a personas concretas. Así, el principio de la criminalidad de la agresión se pone en práctica en el Estatuto con el principio de responsabilidad personal.

Por supuesto, la idea de que un Estado, o una corporación, cometa crímenes es una ficción. Los crímenes siempre son cometidos por personas. Aunque es apropiado emplear la ficción de la responsabilidad de un Estado o corporación para imponer una responsabilidad colectiva, es más bien intolerable que ese legalismo se convierta en la base de la inmunidad personal.

El Estatuto reconoce que quien ha cometido crímenes no puede refugiarse bajo órdenes superiores ni en la doctrina de que sus crímenes fueron actos de Estado. Estos principios gemelos, trabajando juntos, han dado inmunidad a casi cualquiera implicado en los crímenes realmente grandes contra la paz y la humanidad. Los que estaban en la parte baja del escalafón se veían protegidos de responsabilidad por las órdenes de sus superiores. Los superiores se protegían porque sus órdenes eran consideradas actos de Estado. Según el Estatuto, no se puede alegar ninguna defensa en base a esas doctrinas. La civilización moderna pone armas ilimitadas de destrucción en las manos de los hombres. No puede tolerar un área tan amplia de irresponsabilidad legal.

Incluso el Código Militar Alemán dice que:

"Si la ejecución de una orden militar en el ejercicio del deber viola el Código Penal, el oficial superior que dio la orden asumirá la responsabilidad única. Sin embargo, el subordinado que le obedece compartirá el castigo del superior:

(1) si ha excedido los límites de la orden que se le dio, o

(2) si sabía que la orden de su oficial superior implicaba un acto en el que se cometería un crimen o trangresión civil o militar". (Reichsgesetzblatt, 1926, nº 37, pág. 278, Art. 47)

Por supuesto, no alegamos que las circunstancias en las que alguien comete un acto no deberían tenerse en cuenta al juzgar su efecto legal. Un recluta de un pelotón de fusilamiento no puede cuestionar la validez de la ejecución. El Estatuto introduce límites de sentido común a la responsabilidad, al igual que aplica el sentido común a la inmunidad. Pero ninguno de estos hombres tomó parte en pequeños actos. A cada uno se le confió actuar a discreción y ejercieron un gran poder. Su responsabilidad es por tanto grande y no se puede atribuir a ese ente ficticio, "el Estado", que no puede presentarse a juicio, no puede declarar, y no puede ser condenado.

El Estatuto también reconoce una responsabilidad indirecta, reconocida por la mayoría de los sistemas legales modernos, por actos cometidos por otros al llevar a cabo un plan común o conspiración del que el acusado ha formado parte. No necesito discutir los conocidos principios de esa responsabilidad. Todos los días, en tribunales de países decididos a su persecución, se condena a hombres por actos que no cometieron personalmente, pero de los que son considerados responsables al pertenecer a grupos, planes o conspiraciones ilegales.

Comparecen acusadas de ser organizaciones criminales ante este Tribunal ciertas organizaciones de policía política de las que las pruebas demostrarán que han sido instrumentos de cohesión en la planificación y ejecución de los crímenes que he detallado. Quizás lo peor del movimiento fueron los Cuerpos de Liderazgo del NSDAP, las Schutz-stappeln o "S.S.," y las Sturmabteilung o "S.A.," y las organizaciones subordinadas que incluyen. Eran el liderazgo del Partido Nazi y los grupos de espionaje y policía. Eran el gobierno real, por encima y fuera de la ley. También comparecen acusadas de ser organizaciones criminales el Gabinete del Reich y la Policía Secreta o Gestapo, que eran parte integrante del Gobierno, pero mantenidos solamente por el Partido.

Exceptuando un periodo final en el que se aplicó algo de reclutamiento obligatorio en las SS, todas estas organizaciones militarizadas eran voluntarias. Las organizaciones policiales reclutaban a partidarios fanáticos que se alistaban ciegamente para hacer el trabajo sucio que los líderes planeaban. El Gabinete del Reich era la fachada gubernamental del Gobierno del Partido Nazi y se atribuyó a sus miembros responsabilidad tanto legal como de los actos del programa. Colectivamente, fueron responsables del programa en general, individualmente fueron responsables especialmente de partes de él. Pediremos que se determine si son organizaciones criminales, si se ha de someter a sus miembros al castigo determinado por tribunales apropiados, a no ser que se demuestre alguna defensa personal- como el hacerse miembro por amenazas a la persona o su familia, o por inducción a través de una falsa representación, o similar. Todo miembro tendrá oportunidad de ser escuchado en los foros adecuados al hablar de su relación personal con la organización, pero las conclusiones de este juicio sentenciarán definitivamente sobre el carácter criminal de la organización como un todo.

También hemos acusado de ser organizaciones criminales al Alto Mando y el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Alemanas. Reconocemos que planificar guerras es el trabajo de los soldados profesionales en todos los países. Pero una cosa es planificar movimientos estratégicos cuando se avecina una guerra, y otra planear e intrigar para provocar esa guerra. Demostraremos que los líderes del Estado Mayor Alemán y el Alto Mando son culpables de esto. Los militares no están ante ustedes porque sirvieron a su país. Están aquí porque lo controlaron y, junto a otros, lo llevaron a la guerra. No están aquí porque perdieron la guerra, sino porque la comenzaron. Los políticos pueden haberlos considerado soldados, pero los soldados sabían que eran políticos. Pedimos que el Estado Mayor y el Alto Mando, según se define en la Acusación, sean condenados como grupo criminal cuya existencia y tradición constituye una amenaza presente a la paz del mundo.

Estos acusados individuales no actuaron solos en su crimen y no recibirán solos su castigo. Su veredicto de "culpabilidad" contra estas organizaciones hará que haya presunciones de hecho, por lo que podemos saber, contra miles y miles de miembros ahora custodiados por Estados Unidos y otros ejércitos.

Aplicar las sanciones de la ley a aquellos cuya conducta es considerada criminal por las normas que he comentado es la responsabilidad asignada a este Tribunal. Es el primero que se enfrenta a la difícil tarea de superar la confusión de muchas lenguas, los conceptos conflictivos de un procedimiento justo entre diversos sistemas legales, para así llegar a una sentencia común. Las tareas de todos nosotros son como para pedir grandes dosis de paciencia y buena voluntad. Aunque se ha admitido que la necesidad de una acción rápida ha producido un trabajo imperfecto por parte de la acusación, nuestras grandes naciones presentan ante ustedes sus apresuradamente reunidas contribuciones a las evidencias. Sólo podemos adivinar lo que permanece sin descubrir. Podríamos, con testimonios, prolongar la recitación de crímenes durante años- pero ¿para qué? Debemos dejar el caso cuando hayamos ofrecido lo que parezcan pruebas convincentes y adecuadas de los crímenes de los que se acusa sin una acumulación innecesaria de pruebas. Dudamos mucho de que se pueda negar seriamente que los crímenes que he comentado ocurrieron. Los esfuerzos se centrarán sin duda en mitigar o eludir la responsabilidad personal.

Entre las naciones que se unen al acusar, Estados Unidos está quizás en una situación en la que puede ser el país menos apasionado, al haber sufrido el menor daño, es quizás el menos animado por la venganza. Nuestras ciudades americanas no han sido bombardeadas día y noche por seres humanos y robots. No son nuestros templos los que han quedado en ruinas. Nuestros compatriotas no han visto cómo sus hogares destruidos se les venían encima. La amenaza de la agresión nazi, excepto para los que han servido en combate, ha parecido menos personal e inmediata para nosotros que para los pueblos de Europa. Pero aunque Estados Unidos no es el primero en rencor, no es el segundo en determinación por hacer que las fuerzas de la ley y el orden se hagan iguales a la tarea de enfrentarse con una ilegalidad internacional como de la que he hablado aquí.

Dos veces en mi vida Estados Unidos ha enviado a sus hombres jóvenes a través del Atlántico, exprimido sus recursos y cargado con deudas para ayudar a derrotar a Alemania. Pero la esperanza y fe reales que han sostenido al pueblo americano en estos grandes esfuerzos fueron que nuestra victoria y la de nuestros Aliados sentaría las bases para unas relaciones internacionales ordenadas en Europa y terminaría con los siglos de lucha en este continente en combate.

Por dos veces no hemos intervenido en las primeras etapas del conflicto europeo en la creencia de que podría limitarse a un asunto puramente europeo. En Estados Unidos hemos tratado de construir una economía sin armamento, un sistema de gobierno sin militarismo y una sociedad en la que los hombres no vivan preparados para la guerra. Sabemos ahora que este objetivo jamás podrá realizarse si el mundo periódicamente se enfrenta a una guerra. Estados Unidos no puede, generación tras generación, dejar su juventud o sus recursos en los campos de batalla de Europa para restablecer la falta de equilibrio entre la fuerza de Alemania y la de sus enemigos, y evitar batallas en nuestras costas.

El sueño americano de paz y una economía de abundancia, así como las esperanzas de otras naciones, nunca podrán cumplirse si estas naciones se ven implicadas en una guerra en cada generación, tan grande y devastadora que aplasta a la generación que lucha y empeña a la siguiente. La experiencia ha demostrado que las guerras han dejado de ser locales. Todas las guerras modernas acaban siendo guerras mundiales en algún momento. Y ninguna de las grandes naciones puede permanecer fuera. Si no podemos permanecer fuera de las guerras, nuestra única esperanza en prevenirlas.

Soy demasiado consciente de las debilidades de la acción judicial por sí sola para afirmar que por si misma su sentencia pronunciada según este Estatuto podrá evitar guerras futuras. La acción judicial siempre se produce tras el hecho. Las guerras sólo comienzan con la teoría y la confianza de que pueden ganarse. El castigo personal, sufrido sólo en caso de que se pierda la guerra, probablemente no será suficiente freno para evitar una guerra en la que los menos reflexivos sienten que la posibilidad de la derrota es descartable.

Pero el paso definitivo para evitar las guerras periódicas, que son inevitables en un sistema de ilegalidad internacional, es hacer que los hombres de Estado respondan ante la ley. Y permítanme dejar claro que aunque esta ley se aplica primero contra agresores alemanes, la ley incluye, y si se ha creado para servir a un propósito útil ha de condenar, la agresión por cualquier otra nación, incluidos aquellos que están siendo juzgados ahora. Seremos capaces de acabar con la tiranía local y la violencia y agresión por parte de los que están en el poder contra los derechos de su propio pueblo sólo cuando consigamos que todos los hombres deban responder ante la ley. Este juicio representa el desesperado esfuerzo de la Humanidad para aplicar la disciplina de la ley a hombres de Estado que han usado sus poderes para atacar las bases de la paz mundial y para cometer agresiones contra los derechos de sus vecinos.

La utilidad de este esfuerzo para hacer justicia no ha de medirse considerando la ley o su sentencia aisladas. Este juicio es parte del gran esfuerzo para hacer la paz más segura. Un paso en esta dirección es la Organización de Naciones Unidas, que puede llevar a cabo acciones políticas conjuntas para prevenir la guerra si es posible, y acciones militares conjuntas para asegurarse de que cualquier nación que comience una guerra la perderá. Este Estatuto y este juicio, poniendo en práctica el Pacto Kellogg-Briand, constituyen otro paso en la misma dirección- acción judicial para hacer que quienes comiencen una guerra lo paguen personalmente.

Aunque los acusados y los acusadores comparecemos ante ustedes como individuos, no es el triunfo de ningún grupo aislado de los que esperan su sentencia. Por encima de todas las personalidades hay fuerzas anónimas e impersonales cuyo conflicto constituye buena parte de la Historia humana. Es asunto suyo arrojar la fuerza de la ley contra una u otra de esas fuerzas durante al menos otra generación. ¿Cuáles son las fuerzas que se enfrentan ante ustedes?

Ninguna caridad puede disfrazar el hecho de que las fuerzas que estos acusados representan, las fuerzas que se aprovecharían y se alegrarían de su absolución, son las fuerzas más oscuras y siniestras de la sociedad- la dictadura y la opresión, la maldad y la pasión, el militarismo y la ilegalidad. Les conocemos mejor por sus frutos. Sus actos han bañado el mundo en sangre y han hecho retroceder la civilización un siglo. Han sometido a sus vecinos europeos a toda atrocidad y tortura, a todo expolio y privación que pueden infligir la insolencia, la crueldad y la avaricia. Han llevado al pueblo alemán al estado más bajo de desdicha, del que no pueden esperar recuperarse con rapidez. Han agitado odios e incitado violencia local en todos los continentes. Son las cosas que están hombro con hombro en el banquillo con estos prisioneros.

La verdadera parte demandante ante el Tribunal es la Civilización. En todos nuestros países es todavía una cosa imperfecta y agitada. No alega que Estados Unidos o cualquier otro país hayan estado libres de culpa completamente de las condiciones que convirtieron al pueblo alemán en víctimas fáciles de las lisonjas e intimidaciones de los conspiradores nazis.

Pero señala a la atroz secuencia de agresión y crímenes que he citado, señala a la fatiga de la carne, el agotamiento de los recursos, y la destrucción de todo lo que era bello o útil en buena parte del mundo, y a mayores potenciales de destrucción en el futuro. No es necesario, entre las ruinas de esta antigua y bella ciudad, con incontables miembros de sus habitantes civiles aún enterrados en sus escombros, argumentar que comenzar o provocar una guerra de agresión tiene las cualidades morales del peor de los crímenes. El refugio de los acusados puede ser sólo su esperanza de que la Ley Internacional vaya tan retrasada con respecto al sentido moral de la humanidad que considere que lo que es un crimen en el sentido moral ha de ser considerado algo inocente según la ley.

La Civilización se pregunta si la ley va tan retrasada como para que sea inútil enfrentarse a crímenes de esta magnitud cometidos por criminales de este orden de importancia. No espera que hagan de la guerra algo imposible. Espera que su acción judicial ponga las fuerzas de la Ley Internacional, sus perspectivas, sus prohibiciones y, por encima de todo, sus sanciones, del lado de la paz, para que así a los hombres y mujeres de buena voluntad en todos los países se les pueda "dejar vivir sin el permiso de nadie, bajo la ley".

EL PRESIDENTE: El Tribunal levanta la sesión hasta las 10 de mañana por la mañana.

(El Tribunal se retiró hasta el 22 de noviembre de 1945 a las 10:00 horas)

 



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