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31-07-2011


 

EL DIÁLOGO DE LAS CARMELITAS DE AUSCHWITZ


Una colecta de fondos organizada en Bélgica para ayudar en la ampliación del convento de Carmelitas de Auschwitz es lo que, al parecer, llamó la atención de medios judíos en Bélgica acerca de la existencia de un convento de monjas en Auschwitz. Resulta que dichos medios se "emocionaron" con la noticia. Hasta tal punto que la prensa le hizo coro a dicha emoción. De modo que la misma se convirtió en dato informativo, luego en acontecimiento, y lógicamente la emoción fue creciendo. Contagió a las organizaciones judías de Francia, luego a las internacionales, después a los medios católicos, dando lugar a numerosas conferencias secretas, viajes y delegaciones sumamente emocionadas.

Tamaña emoción tuvo un epílogo provisional el domingo 22 de Febrero de 1987 en Ginebra, donde tuvo lugar un segundo encuentro "judeo-cristiano" al más alto nivel, en la mansión del Barón Rthschild (el primer encuentro sobre el mismo tema había tenido lugar en Ginebra también, en Julio de 1986) con la destacada participación de los cardenales Macharsky (Cracovia), Daneels (Malines-Bruselas), Lustiger (París) y Decourtray (Lyon), del gran Rabino Sirat, de los señores Théo Klein, presidente del Congreso Judío Europeo, y Ady Steg, presidente de la Alianza Israelita Universal. Al finalizar el encuentro, este imponente concilio decidió que "de aquí a dos años" el "convento de la discordia" sería alejado del "campo de la muerte" al que la comunidad judía internacional considera como "símbolo fundamental de la Shoah".

Para cualquiera que haya seguido este importante asunto según lo iba reflejando la prensa, parecería que el convento había sido implantado en el corazón del "campo de la muerte" de Auschwitz, y esta implantación resultaría una apropiación abusiva, una falta de tacto, o por así decirlo, una provocación... En todo caso como una manifestación de imperialismo religioso anticuado. La marcha atrás dada por los católicos parece confirmar a posteriori esta interpretación de los hechos, que es la que se desprende de la cuasi totalidad de las informaciones de prensa.

Sin embargo, hay que saber que el convento de las Carmelitas existía desde 1984 y que a ningún judío polaco ni de la comunidad de Auschwitz les había preocupado. Había una razón sencilla: El convento no se encontraba dentro del recinto, sino en las cercanías de la ciudad de Auschwitz (Oswiecim). Las monjas se instalaron en un antiguo teatro municipal edificado en 1915. Se pretendió, sobre todo en Bélgica (Le Soir, 24-02-1987) que el local había servido durante la guerra para almacenar gas zyklon-B. Pero este rumor, que había venido oportunamente a consolidar la emoción, no tiene fundamento alguno, y procede de la pura fantasía. Además, el gas Zyklon, producido bajo licencia desde 1923, utilizado en el mundo entero, se usaba muy generalmente en el ejército y las instituciones civiles alemanas durante la guerra.

Cuando se visita el lugar, es difícil verle la menor intención de provocación a esta implantación, a no ser que uno le quiera reprochar a la iglesia católica el hecho de existir todavía. Y todo el "affaire" se parece más a un proceso por intenciones y a una manifestación de hostilidad hacia la Iglesia.

La historia del campo de Auschwitz no es tan clara como se cree generalmente. Subsisten múltiples desacuerdos entre especialistas e historiadores. Arde la controversia. Existe incluso una escuela de historiadores revisionistas que, sin negar para nada la deportación y la terrible mortalidad de los judíos durante la segunda guerra mundial, niegan que haya habido política alguna de exterminio y que los nazis hayan utilizado con este fin unas cámaras de gas.

En tal situación, a no ser que uno pueda hacer sus investigaciones personales, no queda más remedio que volverse hacia los historiadores celebrados por su competencia y sabiduría, teniendo en cuenta el hecho de que la verdad oficial que se desprende de sus trabajos ha evolucionado mucho en estos últimos años, y que puede seguir cambiando más. Cuando se celebró un coloquio en la Sorbona, en Julio de 1982 (las actas se publicaron en 1985 con el título La Alemania nazi y el genocidio judío, Gallimard-Le Seuil), se admitió que los gaseamientos sólo habían tenido lugar en algunos campos de Polonia, y, en lo que se refiere al campo de Auschwitz, en los cuatro crematorios de Birkenau. El campo de Birkenau, llamado también Auschwitz II, se encuentra dos kilómetros al oeste del campo principal, llamado Auschwitz I o Stammlager. Todos los historiadores están de acuerdo ahora para decir que no hubo gaseamientos sistemáticos en el Stammlager, y el convento se encuentra al este de dicho lugar. Por consiguiente, la cámara de gas que visitan hasta el día de hoy los turistas es falsa. Se trataba en realidad de una sala donde se depositaba a los cadáveres (Leichen keller), al lado del crematorio que fue desafectado en la primavera de 1943, cuando se pusieron en funcionamiento los crematorios de Birkenau, precisamente. Entonces fue transformada esta sala, por edificación de tabiques, en refugio antiaéreo. Este parece ser el punto de vista oficial en que se han puesto de acuerdo los historiadores, teniendo en cuenta el informe del Reverendo Padre Riquet en una carta a Le Monde (25-10-1986):

"Auschwitz II-Birkenau fue, desde 1942 el lugar privilegiado de la Shoah. No lo fue el campo de Auschwitz I, situado dentro de la aglomeración urbana, poblada de 45.000 habitantes con fábricas y un combinado químico de los más importantes. Ahí es donde se encuentra el primer campo de Auschwitz. Utilizaba los cuarteles de ladrillo rojo que habían sido los del ejército austriaco antes de ser utilizados por el ejército polaco.

En estos edificios sólidos, muy diferentes de los barracones de Birkenau, los alemanes victoriosos internaron prisioneros de guerra polacos, y después soviéticos. Más adelante los abarrotaron con polacos culpables o simplemente sospechosos de hostilidad hacia la potencia ocupadora. El Padre Maximiliano Kolbe estuvo entre estos y murió como mártir de su caridad en el bunker del hambre con diecinueve polacos más. En ese campo hubo más cristianos que judíos a fin de cuentas. En 1942, cuando se tomó la decisión de la Solución Final, es cuando se creó, con este fin, el campo de Birkenau, con sus cámaras de gas y sus crematorios. Este se encuentra fuera de la ciudad, a varios kilómetros del primer campo. Para los polacos, es imposible confundir uno con el otro.

Por lo cual les cuesta entender el escándalo provocado en el mundo judío por la instalación de una docena de monjas Carmelitas (...)"

Así pues, ni la historia ni la topografía justificaban que la implantación de este convento se convirtiera en un "affaire". Pero ya que el escándalo tuvo lugar y se terminó (de forma provisional tal vez) como bien sabemos, ¿Cuál puede ser entonces su significado?

Cuales quiera que sean los debates entre historiadores para establecer la realidad de los hechos y de las cifras, a ninguno se le ocurre poner en duda que los judíos hayan vivido, a través de la deportación, una inmensa tragedia, y que las pérdidas humanas fueron espantosas. ¿Es esto un motivo para reconstruir toda la percepción del mundo y de la historia a través de este acontecimiento, y pueden los judíos pretender imponer a todos su propio punto de vista?

Pues ¿Quién no ve que a través de este caso el vacío metafísico que las organizaciones del judaísmo pretenden imponer en torno al sitio de Auschwitz, estas pretenden ocuparlo plenamente y exclusivamente a escala del mundo entero?

¿Colocar en el centro de la segunda guerra mundial la cuestión judía, y los muertos judíos, corresponde acaso a la realidad histórica o es una reconstrucción a posteriori de la historia? Con ello se olvida que muchas cosas más estaban en juego y que la (¿?) última guerra hizo unos cincuenta millones de víctimas no judías que se tienden a olvidar. Pero ya que este asunto se desarrolló entre judíos y católicos, ¿Cuál es la apuesta teológica de esta disputa? Pues es un punto central de la teología del judaísmo el considerar que todo lo que les sucede a los judíos tiene un sentido específico, es distinto de todo lo que le puede suceder a los demás pueblos. Es la alianza específica con Dios lo que funda esta excepcionalidad irreductible. Por lo demás, para la teología judía, contraria en este aspecto a la teología cristiana, los sufrimientos de la humanidad no tienen valor redentor. El sufrimiento aparece al contrario como un castigo enviado por Dios, y el sufrimiento impuesto al pueblo judío como una "Shoah", sanción por haber violado los términos del contrato pactado con Dios, como una catástrofe debida al no respeto de la Ley. Bien se entiende que sea difícil ¡integrar Auschwitz en el marco del pensamiento teológico tradicional del judaísmo! Por esto el sionismo se ha empeñado en socavar esta teología tradicional, según la cual:

1) La Shoah es la consecuencia de los pecados de Israel y

2) El advenimiento final del judaísmo sobre el conjunto de las naciones, prometido por Dios, resultará únicamente del cumplimiento escrupuloso de la Ley; por el contrario, el sionismo se atribuye un derecho a reparaciones temporales sobre la culpabilidad unilateral de los gentiles.

Pero para los cristianos, el mensaje de Cristo es muy diferente. Por medio de la Pasión, Cristo se convirtió a sí mismo en víctima expiatoria, al padecer él mismo todo lo que los hombres pueden llegar a padecer, es decir la tortura y la muerte en total desamparo. El mensaje crístico tiene además un sentido universal. Por esto es que la Iglesia se dice católica, es decir universal, precisamente. La redención se dirige a toda la humanidad, y la misión específica del pueblo judío en el proyecto divino se terminó en el Gólgota, lo cual no significa que Dios haya renegado de su promesa, sino que por el contrario la cumplió al dar al mundo el Mesías, nacido del pueblo judío, pero cuyo reino es espiritual.

Si se acepta que estas recordaciones teológicas se deban tener en cuenta, el asunto del convento toma un sentido muy diferente. Pues si mil novecientos ochenta y siete años después del nacimiento de Cristo, se debe repensar toda la historia del mundo en torno y en función de Auschwitz, comprendido como un acontecimiento específicamente judío, si el sentido de la historia humana se organiza en torno a este acontecimiento, como mantienen nuestros grandes pensadores (Marek Halter, Bernard-Henry Levy, Josy Eisenberg, ...) entonces Cristo era un falso Mesías, y los "millones de judíos" muertos en Auschwitz deben pues sustituir a Cristo en la devoción de los cristianos. Ya no es el sacrificio de Cristo sobre la cruz lo que organiza el sentido de la historia humana, sino el destino de los judíos en Auschwitz.

El hecho de que esta teología se exprese explícitamente en numerosas Yeschivah (seminarios talmudistas) no tiene nada asombroso. Era esta la perspectiva de Elie Wiesel, tanto cuando proclamaba en su testimonio sobre Auschwitz (La Nuit, ediciones Minuit, 1958, prólogo por François Mauriac) como en sus abundantes charlas, y por televisión: "Dios murió en Auschwitz". En la medida en que, al mismo tiempo, manifestaba su profunda adhesión al judaísmo, estaba claro que esta proclama era pedagógica, y peripatética, en dirección a los cristianos, y que, en su enfoque, es el dios de los cristianos el único que murió en Auschwitz. Resulta más sorprendente ver organizaciones judías laicas hacerse los ingenieros de esta teología en nombre de la Historia, ya no de la Religión, y ver a algunos obispos y arzobispos católicos respaldarla.

La carta del R.P. Riquet reviste una importancia extrema, en semejante contexto. Deportado él mismo, estuvo en los años cincuenta a la punta de la lucha contra el deportado revisionista Paul Rassinier, es vice-presidente de la LICRA y no se le puede tachar razonablemente de antisemita. Al recordar que la historia y la geografía imponen límites a la interpretación, recuerda que si bien es sana teología el interpretar en la historia el mensaje divino, también es imprescindible, para interpretar el mensaje, fijar primero lo que Dios hubo de decir realmente, o sea, en este caso: qué fue lo que sucedió realmente en Auschwitz. Y esto les corresponde a los historiadores aclararlo.

Francia tiene historiadores que gozan de una audiencia y de una reputación internacional incuestionables. ¿Es mucho pedir que los historiadores se pongan por fin a trabajar, cuando lo que está en juego es de semejante relevancia?

Sin embargo, para que los historiadores se pongan serenamente a trabajar, también sería preciso que cesara el lavado de cerebro permanente, y que todos los que se atreven a hacer preguntas dejen de ser inmediatamente sospechosos y amenazados con persecuciones judiciales.

Nadie discute que el judaísmo haya padecido, a través de las persecuciones hitlerianas, una catástrofe, y este es precisamente el sentido literal de la palabra hebrea "Shoah". Pero ya ni podemos ni queremos ocultar el profundo malestar que nos oprime ante la explotación permanente e unilateral de estos acontecimientos trágicos.

Por estar profundamente comprometidos con la continuación del diálogo entre judíos y cristianos es que damos hoy este grito de alarma.

 

Un grupo de cristianos con inquietudes, París

Junio de 1987



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