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Un rabino judío en Auschwitz en donde sería asesinado



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   LA SOLUCIÓN FINAL AL PROBLEMA JUDÍO


La Solución Final al problema Judío consistió en resolver la marcha de los judíos de Alemania hacia otros países y hacer los preparativos para que aquellos judíos que se negasen a abandonar tanto este país como los invadidos fueran confinados en ghettos para su esclavización y posteriormente enviados a campos de trabajo y de exterminio.

El mismísimo Adolf Hitler consideraba a los judíos como "una cuestión esencial del nazismo" y si ya se produjeron actos de vandalismo contra la población hebrea entre el 9 y 10 de Noviembre de 1938 con la Kristallnacht no bastaron para que se marchasen de Alemania por lo que se siguió con multas por motivos inexistentes, discriminación laboral y confinamiento en ghettos. Hitler pedía que se reglase un protocolo riguroso, exacto y sin resquicios que sirviese para eliminar de forma definitiva a la raza hebrea de Europa. Este protocolo se estableció el 20 de Enero de 1942 mediante la Conferencia de Wannsee.

El 31 de Julio de 1941 Goering remite a Reinhard Heydrich una orden por la que le insta a acelerar todos los pasos necesarios para acabar con el "problema judío". La orden reza así:

Berlín, 31 de Julio de 1941

Der Reichsmarschall des Grossdeutschen Reiches (Mariscal del Gran Reich Alemán)
Beauftragter fur den Vierjahresplan (Plenipotenciario para el Plan Cuatrienal)
Vorsitzender des Ministerrats fur die Reichsverteidigung (Presidente del Consejo de Ministros para la Defensa del Reich)

Al Jefe de la Policía de Seguridad y del SD (SS Gruppenfuhrer Heydrich) 

     Berlín

          Complementando la tarea puesta a su cargo en el edicto fechado el 24 de Enero de 1939, y que consiste en resolver la cuestión judía de la manera más conveniente posible, dada las condiciones presentes, por medios de emigración, o de evacuación, le encargo que efectúe los preparativos necesarios relacionados con la organización y los aspectos prácticos y materiales, con objeto de conseguir una solución global (Gesamtlosung) de la cuestión judía en las esferas de influencia alemana de Europa.

          En la medida en que esto atañe las competencias de otras instancias centrales, éstas deberán ser involucradas.

          Le encargo, además, me someta con rapidez un plan global de las medidas prácticas materiales y de organización, para la ejecución de la deseada Solución Final (Endloesung) de la Cuestión Judía.

                    GOERING 

No cabe duda que esta orden autoriza la creación de toda la maquinaria para el asesinato y la eliminación de todos los judíos de Europa (unos 11 millones aprox.) por lo que Heydrich convoca a los principales altos oficiales nazis a una conferencia en un palacete situado en el extrarradio de Berlín junto al lago Wansee para el 20 de Enero de 1942. ¿Motivo? La Solución Final. 

La "Solución Final" era el nombre en clave del régimen nazi para su deliberado y planificado asesinato en masa de todos los judíos europeos. Durante la reunión de Wannsee los oficiales del gobierno alemán hablaron de la "exterminación" sin duda ni reticencia. Heydrich calculó que 11 millones de judíos europeos de más de veinte países serían exterminados. Bastaron 90 minutos para trazar el plan total que quedó reflejado en los "Protocolos de Wannsee". 

Hasta 1942 las matanzas de judíos, polacos, etc.. se ejecutaban bien mediante el gas en camionetas cerradas pertenecientes a unidades especializadas en esta forma de asesinar o simplemente con fusilamientos y ahorcamientos pero desde este año y con la creación y ampliación de campos de exterminio polacos como Auschwitz, Treblinka y otros la matanza sería total. Los asesinatos que en un principio se contaban en miles o decenas de miles comienzan a elevarse rápidamente contándose en centenares de miles, ya no cuentan nombres sino cifras, el exterminio debe seguir a ritmo de locomotoras arrastrando vagones repletos de hombres, mujeres y niños con destino a las cámaras de gas y los hornos, la maquinaria del exterminio funciona a máxima potencia. 

Para comprobar el decaimiento de la población judía tanto de Alemania como de los territorios invadidos o países colaboracionistas adscritos al régimen nazi, el 18 de Enero de 1943 Heinrich Himmler encarga al Jefe de Estadística de la SS, Doctor Richard Korherr, que elabore un informe en el que se detalle las diferencias de población judía entre el año de la llegada de Hitler al poder, 1933, hasta finales de 1942 y un apéndice con los avances conseguidos durante los primeros meses de 1943 para saber exactamente cuantos judíos habían sido "evacuados". A mediados de Marzo de 1943 el informe estaba concluido y el Doctor Richard Korherr le entregó a Heinrich Himmler dicho informe compuesto de 16 páginas. Tras leerlo se lo devolvió a Korherr para que cambiase ciertas palabras como "tratamiento" que denotaban el auténtico final de los judíos por la de "evacuación" o "traslado". Una vez corregido y aceptado por Heinrich Himmler el informe detallaba que la diferencia de población real entre 1933 y principios de 1943 era de unos 4 millones de judíos; de esta cifra, 1.500.000 de judíos, emigraron de Alemania hacia otros países no beligerantes y el resto, 2.454.000, murieron en los campos de exterminio (no se incluyen los campos de concentración ni ghettos por orden expresa de Himmler), eliminados mediante matanzas en poblaciones y aldeas de toda Europa o por el fuerte descenso de natalidad y el aumento de la mortandad en Alemania antes de ampliar sus fronteras como lo demuestra este extracto del informe Korherr:

Año

Nacimientos

Fallecimientos

Exceso de mortandad

1933

3.425 

8.925 

- 5.500 

1934

2.300 

8.200 

- 5.900 

1935

2.500 

8.100 

- 5.600 

1936

2.300 

8.000 

- 5.700 

1937

2.100 

8.000 

- 5.900 

1938

1.000 

7.448 

- 6.448 

Año

Nacimientos

Fallecimientos

Exceso de mortandad

1939

610 

8.136 

- 7.526 

1940

396 

6.199 

- 5.803 

1941

351 

6.249 

- 5.898 

1942

239 

7.657 

- 7.418 

1942

239 

7.657 

- 7.418 

1933-1942

15.221 

76.914 

- 61.693 

Según el informe, de unos 10 millones de judíos que vivían en Europa en 1933 casi la mitad, 4 millones, habían sido asesinados solamente hasta finales de 1942. Según la Comisión de Investigación Anglo-Americana que se encargó de evaluar las víctimas reales del nazismo tras la II Guerra Mundial detalló en abril de 1946 que las víctimas judías alcanzaban los 5.721.500 aunque otros investigadores privados como el Juez Jacob Robinson, la elevó a 5.820.960. 

El historiador Yehuda Bauer, del Centro Yad Vashem de Israel, llegó a la conclusión final del número de víctimas desglosados por países:

  País

Víctimas

 Reich Alemán 1938

125.000 

 Austria

65.000 

 Checoslovaquia 1938

277.000 

 Francia

83.000 

  País

Víctimas

 Grecia

65.000 

 Hungría y Cárpatos Uc.

402.000 

 Italia

7.500 

 Holanda

106.000 

  País

Víctimas

 Noruega

760 

 Rumania en 1940

40.000 

 Polonia y Rusia 1939

4.565.000 

 Yugoslavia

60.000 

Estos datos, según reconoce Bauer, son aproximados y como mínimo; el número real y exacto jamás se sabrá.

Cronología rápida del Holocausto.

Esquema del destino de un judío europeo
entre 1933 y 1945.

   LA LISTA DE FRANCO PARA EL HOLOCAUSTO


El régimen franquista ordenó en 1941 a los gobernadores civiles elaborar una lista de los judíos que vivían en España. El censo, que incluía los nombres, datos laborales, ideológicos y personales de 6.000 judíos, fue, presumiblemente, entregado a Himmler. Los nazis lo manejaron en sus planes para la solución final. Cuando la caída de Hitler era ya un hecho, las autoridades franquistas intentaron borrar todos los indicios de su colaboración en el Holocausto. EL PAÍS ha reconstruido esta historia y muestra el documento que prueba la orden antisemita de Franco

JORGE M. REVERTE 20/06/2010

Al final de la II Guerra Mundial, el régimen de Franco intentó con relativo éxito confundir a la opinión pública mundial con la fábula de que había contribuido a la salvación de miles de judíos del afán exterminador nazi. No solo era falso lo que la propaganda franquista pretendía demostrar. En la España del dictador hubo la tentación de contribuir a acabar con el "problema judío" en Europa.

La paciente labor de un periodista judío, Jacobo Israel Garzón, ha conseguido que aflorara el único documento conocido sobre el asunto, conservado por obra de la casualidad en el Archivo Histórico Nacional, y proveniente del Gobierno Civil de Zaragoza. Lo publicó en la revista Raíces. A partir de ese trabajo, EL PAÍS ha continuado la indagación y ha reconstruido la historia completa de la frustrada colaboración con el Holocausto. Quiénes fueron sus protagonistas y sus cómplices. Una historia que cambia la Historia.

El 13 de mayo de 1941, todos los gobernadores civiles españoles reciben una circular remitida el día 5 por la Dirección General de Seguridad. Se les ordena que envíen a la central informes individuales de "los israelitas nacionales y extranjeros afincados en esa provincia (...) indicando su filiación personal y político-social, medios de vida, actividades comerciales, situación actual, grado de peligrosidad, conceptuación policial". La orden la firma José Finat Escrivá de Romaní, conde de Mayalde, el último día de su permanencia en el cargo, porque va a ser relevado por el coronel Galarza. De ese puesto va a saltar en pocos días al de embajador de la España de Franco en Berlín.

El conde es un personaje refinado y culto, y muy amigo de Ramón Serrano Suñer, el hombre fuerte del régimen [fue ministro de Interior y Asuntos Exteriores], que es quien le va dando los distintos cargos que ostenta. Ha prestado grandes servicios a Serrano y a Franco, como el de organizar a los policías que, en connivencia con el embajador Lequerica y la Gestapo, utilizando a un siniestro policía de apellido Urraca, consiguió traer a Companys y Zugazagoitia a España para sufrir una burla de juicio y ser fusilados.

José Finat hizo buenas migas con Himmler cuando este visitó España en octubre de 1940. Himmler pudo asistir a un espectáculo que le pareció cruel: una corrida de toros en Las Ventas. En esos días, ambos pusieron al día una vieja colaboración firmada por el general Severiano Martínez Anido en 1938. Gracias a ese acuerdo, la policía política alemana goza de status diplomático en España, y puede vigilar a sus anchas a los treinta mil alemanes que viven aquí.

Dentro de poco más de un mes, Finat va a ocupar su cargo de embajador en Berlín. Allí podrá entregar en persona a Himmler sus listas de judíos. Si España entra en la guerra, serán un buen regalo para los nazis. Antes va a tener tiempo suficiente para dar una paliza y emplumar por maricón a un cantante, Miguel de Molina. Le ayudará el falangista Sancho Dávila, primo del fundador del partido fascista.

El objetivo del Archivo Judaico no consiste en defender al régimen de la posible acción subversiva que puedan realizar los refugiados que pasan por España huyendo de la persecución nazi. Esos son conducidos directamente a Portugal para que se marchen a Estados Unidos, o internados en el campo de concentración de Miranda de Ebro hasta que se sepa qué hacer con ellos. De lo que se trata, sobre todo, es de tener controlados a los judíos españoles de origen sefardí:

"Las personas objeto de la medida que le encomiendo han de ser principalmente aquellas de origen español designadas con el nombre de sefardíes, puesto que por su adaptación al ambiente y similitud con nuestro temperamento poseen mayores garantías de ocultar su origen y hasta pasar desapercibidas sin posibilidad alguna de coartar el alcance de fáciles manejos perturbadores".

El trabajo no va a ser fácil por esa capacidad de adaptación que tienen los judíos. Sobre todo en lugares que no sean como Barcelona, Baleares y Marruecos, donde había antes de la guerra "comunidades, sinagogas y colegios especiales", y eso permite una mayor facilidad de localización.

La circular no oculta la urgencia de la acción. Hay que proteger al Nuevo Estado de la posible actuación de estos individuos, que son "peligrosos".

El coronel Valentín Galarza está poniendo patas arriba el ministerio que le ha dejado Serrano Suñer, infestado de falangistas revolucionarios. Pero no va a destrozar toda la obra de su antecesor. El Archivo Judaico se va a seguir completando con carácter de urgencia al principio y con metódica seriedad después.

¿No son acaso los judíos y los masones los enemigos fundamentales del Nuevo Estado?

Cuando haya pasado el tiempo, el Archivo Judaico será ocultado y sistemáticamente destruido, como toda la documentación comprometedora para el régimen franquista en relación con la persecución antisemita realizada en los años cuarenta. Cuando deje de ser urgente tener listas completas de israelitas y haya que justificar la patraña de que el régimen surgido del 18 de julio ayudó en todo lo posible para que se salvaran muchos judíos de la persecución nazi.

En mayo de 1941, cuando se envía la circular, resulta muy significativa la desaparición de las guardias de falangistas de la puerta del Ministerio de la Gobernación. Ya no se trata de que la represión la lleve la Falange por su cuenta, como si fuera un poder autónomo del Estado. Se trata de que el Nuevo Estado asume comportamientos que le identifican con los de la Alemania nazi, pero mediante las instituciones tradicionales, o sea, en este caso, la Policía y la Guardia Civil. Eso sí, "auxiliados por elementos de absoluta garantía".

Esos elementos son falangistas entusiastas de la represión, que hay muchos. Porque continúa en funcionamiento la Delegación Nacional de Información e Investigación, con sedes en muchos municipios españoles. Hay más de tres mil agentes del partido repartidos por toda la geografía nacional, que elaboran sin descanso expedientes sobre sospechosos. En el año anterior han escrito más de ochocientos mil informes y han elaborado fichas sobre más de cinco millones de ciudadanos. Los miembros de las delegaciones hacen informes constantes sobre la situación política en cada lugar, sobre el estado de la opinión pública, y sobre los antecedentes políticos de cualquier ciudadano que aspira a un puesto de trabajo. Y tienen el privilegio de participar en interrogatorios policiales y torturas en comisarías o cuartelillos.

A veces, fuera de las dependencias judiciales. El ricino y las palizas callejeras están a la orden del día.

Con el cambio de destino del conde de Mayalde, los falangistas dejan de ser los que encabezan este tipo de investigaciones, pero están. Siguen estando.

Los investigados para el Archivo Judaico no son gente de especial relevancia. Salvo en algún caso, como el del escritor Samuel Ros, amigo íntimo del revolucionario Dionisio Ridruejo, cuya condición de judío levantará las inquietudes de los funcionarios nazis instalados en España. Se da la circunstancia de que Ridruejo es también muy amigo del conde, con el que va a compartir muchas jornadas en Berlín durante su discontinua presencia en la División Azul, el contingente español que va a marchar a Rusia a luchar contra el comunismo a las órdenes del general Agustín Muñoz Grandes.

Los hombres de Himmler, a los que el conde de Mayalde ha dado el estatus oficial para que se muevan con soltura por el país, reclaman a la Policía española que les dé detalles sobre las actividades de Samuel Ros. Incluso se atreven a protestar porque se le permita escribir en medios oficiales como el diario falangista Arriba.

Otra de las circunstancias llamativas de la circular es que rompe con el antijudaísmo clásico de la católica España. Para la Iglesia, y por tanto para el régimen nacional católico amparado por los cardenales Pla i Deniel y Gomà, un judío deja de serlo si se convierte al catolicismo. Los nazis consideran que se trata de una raza, y el conde de Mayalde expresa claramente su concepción próxima a la de los seguidores de Hitler: los sefardíes, que por "su adaptación al ambiente y su similitud con nuestro temperamento poseen mayores garantías de ocultar su origen". Hay un temperamento español y un origen judío.

La fecha en que se emite la circular tampoco es casual. En España se debate desde hace meses la posibilidad de que el país entre en guerra al lado de Alemania. Y los más furibundos partidarios de esta opción son los falangistas revolucionarios, los nacionalsindicalistas que admiran a Hitler y comprenden su política de liquidación del judaísmo.

En Francia, las autoridades de Vichy han puesto en marcha, sin necesidad de que los ocupantes alemanes se lo pidan, un Estatuto Judío que incluye un censo. Ya hay muchos miles de judíos franceses o apátridas recluidos en campos de concentración en la zona de Vichy y en la zona ocupada. En todos ellos la autoridad le corresponde a la policía francesa. De esos campos saldrán los trenes de la muerte que conducirán a casi todos los judíos franceses al exterminio en Auschwitz.

El más importante está al lado de París, en una localidad llamada Drancy, donde catorce sefardíes españoles han sido recluidos. Un diplomático llamado Bernardo Rolland de Miota, cónsul general en París, intenta, contra las órdenes del embajador Lequerica y del ministro Serrano Súñer, salvarles. No lo consigue, aunque sí puede actuar a favor de otros dos mil que reciben protección de su consulado. Serrano Suñer le hará pagar por su desobediencia destinándole a un oscuro puesto africano. Será declarado por la Fundación Wallenberg "Justo entre las Naciones", un título al que se harán acreedores otros diplomáticos españoles, como Sebastián de Romero, Eduardo Propper, Julio Palencia, Ángel Sanz Briz o Carmen Schrader.

»LA REUNIÓN DE WANNSEE. A las afueras de Berlín hay un plácido barrio de casas residenciales donde muchos berlineses de posición económica acomodada pasan los fines de semana. Antes para alejarse del estruendo de la gran urbe. Ahora para eludir la incomodidad de las alarmas aéreas. El barrio se llama Wannsee, y está construido a las orillas del lago del mismo nombre.

Allí se solazan y descansan los responsables de la Seguridad del Estado hitleriano. Los jefes de los Eisantzgruppen, estresados, se recuperan del pesado trabajo de matar en masa a tantos judíos, a tantos partisanos y comisarios bolcheviques. Lo hacen en una casa adquirida por la Seguridad del Reich, que dirige un asesino en masa llamado Reinhardt Heydrich.

Heydrich, el virtuoso violinista que, a las órdenes de Himmler, desarrolla la matanza de los judíos, ha hecho balance, y este no es nada bueno. Con gran esfuerzo y un enorme gasto de munición y recursos, se ha conseguido matar solo a un millón de judíos en números redondos, de los más de once que se calcula que están en los territorios del Reich o en las zonas conquistadas. Y lo que no cabe ya, a la vista de la reacción del Ejército soviético, que ha detenido la ofensiva sobre Moscú y Leningrado, es pensar en expulsar a todos los hebreos hasta los montes Urales para que allí se extingan.

Hasta octubre de 1941, se ha conseguido que quinientos treinta y siete mil judíos se marcharan de los territorios del Reich. Unos quinientos mil, de Alemania y Austria; los treinta mil restantes, de Bohemia y Moravia. Pero esta política está realmente acabada, porque trae muchos problemas, en plena guerra, negociar transportes, destinos e itinerarios.

Mientras a los de las repúblicas bálticas se les mata en bosques o se les enrola por la fuerza en destacamentos de trabajo, en Varsovia sigue habiendo un gueto poblado por decenas de millares de judíos polacos que absorben recursos alimenticios, que obligan a dedicar numerosas tropas a controlarles. No es barato liquidar el problema judío. Los responsables de cada área ocupada se las ven y se las desean para cumplir con una orden muy vaga, la de que cada uno se las tiene que arreglar para matar a sus judíos. Pero eso no es fácil. Hans Frank, el gobernador general de Polonia, ha mostrado su desesperación hace pocas semanas: "No podemos fusilar a esos tres millones y medio de judíos, no podemos envenenarles, pero tenemos que ser capaces de dar pasos para encontrar una forma de llegar al éxito en el exterminio".

Es 20 de enero y en el palacio de Wannsee, junto al lago de aguas cristalinas, Heydrich ha reunido a los quince mejores expertos en matanzas porque ha recibido la orden de poner de una vez en marcha la "solución final" de ese problema. Hay que tomarse en serio el asunto, y ordenar los métodos, convertir el empeño en un sistema industrial eficiente en resultados concretos y en términos de economía. Y la consigna debe carecer de elementos que permitan la duda. A partir de ahora está claro que lo que procede es matar a todos, absolutamente todos, los judíos que se encuentran en territorios del Reich o en zonas conquistadas. No solo en esas áreas, sino también en el resto de Europa. Porque quedan muchos judíos en países rendidos o aliados. En casi ninguno de ellos se va a encontrar ningún problema para aplicar la solución. Sí en Italia, que es un aliado dubitativo en este asunto, pero no hay quejas sobre la actitud de Francia.

Hitler ha hecho hincapié varias veces en su "profecía" de que, si se produjera una nueva guerra mundial, los judíos desaparecerían de la faz de la tierra. Ahora ya no puede haber vacilaciones. Ya hay una guerra mundial desde que Estados Unidos se han enrolado en ella. Dentro de diez días, en un sitio público, el Sportpalas de Berlín, el Führer va a insistir en ello: "Esta guerra no tendrá un final como imaginan los judíos, con el exterminio de los pueblos arios de Europa, sino que el resultado de esta guerra será la aniquilación de la judería. Por primera vez, la antigua ley judía será aplicada ahora: ojo por ojo y diente por diente”.

No hay constancia documental de que en Wannsee se hable de España. Se hace notar, simplemente, que allí hay seis mil judíos. Pero su destino está claro, para cuando se pueda atender la relación con este país. Lo seis mil están censados por algún organismo del Gobierno, que ha pasado nota a los representantes alemanes en la Embajada de Madrid. El censo que inició el 5 de mayo de 1941 José Finat, conde de Mayalde, ahora embajador en Berlín. Están todos localizados.

Una compleja serie de razones impedirá que España entre en la guerra al lado de Alemania. Eso evitará que los nombres incluidos en el Archivo Judaico pasen a formar parte de los listados de Auschwitz.

A finales de 1945, los archivos de los ministerios de Gobernación y de Asuntos Exteriores serán expurgados para que no quede nada que demuestre que la mayor actitud de piedad de Franco hacia los judíos fue dejar pasar a algunos, o soportar en ocasiones la acción individual de los pocos diplomáticos que se la jugaron por salvar vidas humanas.

El Archivo Judaico habría sido un hermoso regalo para Hitler. Su conservación, una repugnante prueba de lo que los falangistas de Ramón Serrano Suñer pretendían hacer con los judíos españoles.

El cinismo franquista llegó al extremo cuando tuvo que negociar con los aliados vencedores en la guerra la liquidación de las deudas con Alemania. La delegación española se atrevió, ante el escándalo de los representantes aliados, a pedir compensación por los daños patrimoniales causados por los nazis a los sefardíes de Tesalónica. El representante inglés McCombe tuvo que recordar en la reunión que España jamás había protestado por la persecución nazi contra sus compatriotas.

   IMÁGENES RELACIONADAS


Documento del 05-05-1943 del Jefe alemán de la Policía de Seguridad y Servicio de Seguridad para los Territorios Ocupados en Holanda referido a la "Solución Final al Problema Judío" por el que todos los judíos holandeses son enviados al campo de exterminio de Auschwitz (Polonia). 

   DOCUMENTOS ADICIONALES


Véase el "informe Korherr".


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